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Vida Sin Dios
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Fotografía: Sanja Gjenero
Una mañana fría de enero, tuve la oportunidad de estar a cargo del devocional en el Florida Hospital Imaging Center, en Orlando, Florida. Me pidieron que hablara acerca del Año Nuevo, de un nuevo comienzo… El tipo de charla motivacional, las resoluciones y los propósitos de un nuevo comienzo con que nos atosigamos al llegar cada año y que olvidamos tan pronto como se nos viene el mes de febrero.

Tal vez se esperaba que hablara de cómo nuestras resoluciones de Año Nuevo deben comenzar con Dios a nuestro lado y proponernos metas altas y hacer todo lo posible por alcanzarlas. Usted sabe, algo inspirador. Pero no comencé mi mensaje de esa forma. Empecé con tres palabras:

Nada tiene sentido.

“¿Qué provecho saca el hombre de tanto afanarse en esta vida? Generación va, generación viene, mas la tierra siempre es la misma. Sale el sol, se pone el sol, y afanoso vuelve a su punto de origen para de allí volver a salir. Dirigiéndose al sur, o girando hacia el norte, sin cesar va girando el viento para de nuevo volver a girar. Todos los ríos van a dar al mar, pero el mar jamás se sacia. A su punto de origen vuelven los ríos, para de allí volver a fluir. Todas las cosas hastían más de lo que es posible expresar. Ni se sacian los ojos de ver, ni se hartan los oídos de oír. Lo que ya ha acontecido volverá a acontecer; lo que ya se ha hecho se volverá a hacer ¡y no hay nada nuevo bajo el sol!” (Eclesiastés 1:3-9).

Oyentes Difíciles

Al continuar hablando, noté que mi “congregación” temporaria ahora estaba un poco incómoda en sus sillas, preguntándose si obtendrían algo bueno de lo que estaban escuchando. Les dije que todo lo que hacíamos, desde despertar por la mañana para ir al trabajo, conducir de vuelta a casa para estar con la familia y, finalmente, irse a la cama a dormir, nada tenía sentido y era exactamente igual a como era el año pasado. Nada cambia. No hay nada nuevo bajo el sol.

Terminarlo allí, habría sido desastroso. Esa era sólo la mitad del mensaje. La otra mitad era que en medio de toda esta falta de sentido circundante, sólo podemos encontrarle algún sentido a la vida, si contamos con Dios. Nuestra felicidad no importa. Los trabajos que tenemos, no importan. Las casas y carros que “poseemos,” tampoco importan. Las familias a las que pertenecemos, no importan. Nuestras vidas, no importan… NADA DE ESO IMPORTA si no empezamos PRIMERO con Dios. Sólo entonces estas cosas toman un significado y un propósito. Cuando empezamos con Dios, incluso nosotros llegamos a importar. Todo lo que está debajo del sol, es sin sentido.

Todo lo que está ENCIMA del sol, donde Dios está, tiene significado y vida.

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Por Sebastian Zaldibar. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VESION INTERNACIONAL ® 1999.


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