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Los Niños Sí Escuchan
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Fotografía: Pedro Irizarry
No importa por cuánto tiempo usted haya sido padre, sus hijos lo harán quedar mal en algún punto de sus vidas. Ya sea el bebito que la deja esperando cuando usted le dice alos demás: “¡Vengan a ver la gracia que hizo!”, justo en el momento en que se da la media vuelta. Y no hace “esa gracia” otra vez -por otras cuatro semanas más. O tal vez se trate de su hijito con carita de ángel que no ha estado trayendo a casa las notas de su maestra. O quizá sea su pequeñito, que se lanza al suelo en el pasillo central de Wal-Mart gimiendo para que usted le compre el nuevo juguete de la estantería -sus hijos lo harán lucir como un mal padre.

Recuerdo mi momento más vergonzoso. Había llevado a mis hijas pequeñas a una tienda por departamentos para comprarles ropa. Todo estaba yendo bastante bien. Pero usted sabe cómo son los niños pequeños. Ellas querían correr por entre los anaqueles de ropa y esconderse. Ese día no fue diferente a los demás.

Le acababa de decir a Sara: “¡No corras en la tienda!” Pero como los niños son propensos a hacerlo, ella se olvidó inmediatamente de mis palabras y se fue hacia el anaquel cargado de ropa -corriendo a toda prisa.

Antes de darme cuenta, escuché un sonido. Ese tipo de sonido que ningún padre o madre desea escuchar. Un CHOQUE y luego un ESTRÉPITO. Me volví para mirar y observé, horrorizada, cómo uno de los anaqueles se volcaba, cayendo directamente encima del anaquel vecino. Y luego, como si estuviera soñando, vi que la fila entera de los anaqueles repletos de ropa que estaban en el pasillo central de la tienda, caían como si se tratara de un juego perfecto de dominó.

Verguenza Mutua

No había nada que pudiera haber hecho para prevenirlo. Podrá imaginarse usted cómo todos en la tienda se volvieron para mirar los anaqueles -y luego a mí. Mi cara se puso roja como manzana y pensé: “Esto no me está ocurriendo a mí.” Miré hacia abajo para divisar a mi preciosa Sarah Rose, saliendo entre las ropas. Su cara estaba tan roja como la mía. Se sentía humillada. Yo, también. Deseaba que el piso se abriera y me tragara.

En ese momento, tuve que elegir. Podía reír, o llorar. Así que… ¡me eché a reír! Es decir, ¿cómo no reírse? Me di cuenta que Sarah había tenido su propio castigo. Y yo no dije una sola palabra.

A veces, como padres, pensamos: “¡Estos niños nunca escuchan una palabra de lo que les digo!” Supongo que sí, a veces ellos no escuchan lo que les decimos. Otras veces, ellos nos observan por sobre el hombro, sólo para ver si reaccionamos. En otras ocasiones, actúan como pequeños angelitos y nos preguntamos dónde se esconde el monstruito que llevan dentro.

Cuando se es padre, la paciencia es muy importante. Hay momentos en que debemos escoger la paciencia porque no puedes hacer nada de ninguna otra forma. Sea consistente en el modo en que enseña, instruye y disciplina a su hijo. Su niño realmente escucha -y observa- todo lo que usted dice y hace. La Biblia nos dice: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará” (Proverbios 22: 6). Note que dice, “y aun en su vejez.” Los niños sí escucharán, aprenderán y recordarán -y luego harán todo lo posible para probar su carácter en el proceso. Y valdrá la pena.

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Por Melissa Ringstaff. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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