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Salarios Justos
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Fotografía: Istvan Markus 
Un sábado, cerca de la medianoche, me encontraba manejando mi carro por el centro de Phoenix cuando advertí que el indicador de la gasolina estaba llegando a la E. Estando a 40 millas de mi casa, me dirigí a una estación de servicio donde se observaba bastante actividad. Cautelosamente, salí de mi camioneta y comencé a bombear el tanque.

Inmediatamente, se me acercó un tipo que comenzó a hablar sin parar y con acento sureño. Empezó a contarme su vida más rápidamente de lo que la máquina de gasolina se tragaba mi dinero. Resumiendo -quería que lo ayudara a regresar a Alabama. ¿Podía permitirle que lavara las ventanas de mi carro?

Sabiendo que sólo tenía $2 en mi bolso, le ofrecí un dólar y estuvo de acuerdo. Tan pronto como habíamos terminado nuestro trato comercial, una vagabunda casi sin dientes se acercó y me pidió algo de dinero. Registrando mi monedero, saqué un billete de un dólar para ella y el otro restante se lo entregué al tipo que lavó las ventanas del carro.

Ella lucía feliz; él parecía enojado. De hecho, comenzó a vociferar acerca de las injusticias de la vida y algo por el estilo. ¡El había trabajado para ganarse el dinero y ella había obtenido la misma cantidad por no hacer nada! Inicialmente, su ira me sorprendió hasta que recordé la historia que Jesús contó acerca de los obreros de la viña, registrado en el evangelio de San Mateo (20:1-16).

La Injusticia de la Gracia

El dueño de una propiedad salió temprano por la mañana a contratar obreros que trabajaran en sus viñedos. El acordó pagarles el jornal diario normal y los envió al campo a trabajar. Mientras avanzaba el día, siguió contratando más obreros. Realizó esa misma función a las 9 de la mañana, al mediodía, a las 3 e, incluso, a las 5 de la tarde. Encontró obreros que estaban sin trabajo y los envió a su viña a recoger uvas.

Alrededor de las 6 de la tarde, el dueño del terreno envió al capataz a que llamara a los obreros, empezando por los que empleó a última hora.

Aquellos que fueron empleados a las 5 de la tarde, ¡recibieron el sueldo completo de un día de trabajo! Quienes habían sido empleados más temprano, recibieron la misma cantidad de dinero. Todos los obreros recibieron el salario de una jornada normal de trabajo. Aquellos obreros que fueron empleados temprano por la mañana, estaban enojados y protestaban por la injusticia que cometieron en contra de ellos. Pensaban que recibirían más dinero porque habían comenzado a trabajar más temprano. Se sentían enojados con el dueño porque había sido amable y generoso con aquellos que habían comenzado a trabajar más tarde.

Jesús contó esta historia para demostrar la bondad que Dios siente hacia cada uno de nosotros y cuánto desea que estemos en Su reino. Algunos de nosotros hemos entregado nuestros corazones a Jesús en nuestra juventud, mientras que otros lo han hecho en la edad adulta. Hay otros que esperan que su cabello se vuelva gris para escoger servir a Dios.

¡Pero el Todopoderoso no tiene favoritismos con nadie! No importa cuando sea que vayamos a El, recibiremos una bienvenida de brazos abiertos de parte de nuestro Creador, quien siempre ha anhelado estar con nosotros cada día. ¿Ya ha decidido entregarle su vida a Cristo? Tenga la seguridad de que usted es muy querido para Dios y espera con ansias que se acerque a El.

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Por Kathy A Lewis. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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