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Nunca Entenderé
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Fotografía: Hemera
Cuando mis hijos eran pequeños, les conté que hubo un tiempo en los Estados Unidos en que los hoteles tenían avisos a la entrada que decían lo siguiente: “No se permite ni a judíos ni a perros.” Mi hijita de seis años estaba horrorizada. “¿Por qué no se permiten perros?”, preguntó.

Ay, la inocencia de la juventud.

Sí, hubo una época en Norteamérica en que algunos hoteles no permitían su entrada ni a judíos ni a perros, cuando mi padre fue desalentado mientras estudiaba Ingeniería en la Universidad porque, bueno, Estados Unidos no quería tener ingenieros judíos.

Aunque cualquier problema que los judíos enfrentaron no tiene comparación con lo que los Afroamericanos han sufrido por siglos en la Norteamérica “cristiana”. Aunque muchos judíos vinieron escapando de la persecución en Europa, todos inmigraron voluntariamente. Ninguno de ellos hizo el viaje encadenado al casco de un barco. A nadie se le colocó una placa y lo vendieron al mejor postor en la subasta de caballos. A ninguno de ellos se le obligó a vivir una vida de esclavitud para él y para sus hijos. Nadie fue clasificado por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos como “propiedad de nadie.” Y aunque los judíos fueron ultrajados, nunca escuché que un judío en Norteamérica fuera forzado a darle su asiento a un gentil.

En resumen, no alcanzo a comprender lo que la experiencia de las personas de raza negra ha sido en Norteamérica. Aunque después del Holocausto en Europa aquí llegó a ser menos elegante ser antisemita- ni aún experimentando la más grande antipatía de los norteamericanos hacia los judíos, nunca hemos sufrido lo que los Afroamericanos han tenido que sufrir de manos de racistas norteamericanos. Y eso no fue solamente durante la esclavitud, sino que también ocurre en nuestra vida “emancipada.”

Un Giro Extraño

Nunca entenderé cómo alguien que profesa el Cristianismo, aún en la forma más elemental, pueda apoyar el racismo. Y lo que es mucho más incomprensible para mí ahora que creo en Jesús, es que tomó que un montón de agnósticos y liberales-cuya mayoría no creía en Jesús- lograra que aquellos creyentes más conservadores, conocidos como Bible Belt, permitieran que hombres de la raza negra utilizaran los mismos baños que los hombres de la raza blanca.

¿Qué hay de malo en esa imagen?

Afortunadamente, mi religión me dice que no hay que juzgar a los demás. No puedo hacerlo, porque un día el Más Justo de los Jueces hará lo mismo conmigo. Lo que mi religión sí me aconseja, sin embargo, es lograr con todas las fuerzas que me ha dado Dios, vivir los principios de mi fe. Estos principios me ordenan tratar a todas las personas con dignidad, otorgándoles valor, ya que todos fuimos creados a la imagen de Dios e incluídos en Su plan de salvación. Costó la misma cantidad de sangre para que Cristo salvara a una persona de la raza blanca, como a uno de la raza negra. Ese hecho solamente debiera demostrar nuestra igualdad moral, a pesar de letreros como: (“No se Permite Ni a Judíos ni a Perros,” “Sólo para Blancos”) que fueron colocados físicamente o figuradamente en las puertas de los hoteles, restaurantes e iglesias sin Cristo.

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Por Clifford Goldstein. Reimpreso con el permiso de  Mid-America Outlook Magazine, Vol. 27, #2 con permiso de Mid-America Union. Copyright © 2006 by GraceNotes. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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