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Buenos Días, Jovencito
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Fotografía: Judi Seiber
“Buenos días, jovencito.” Era Ricardo. Generalmente, llamaba los domingos por la mañana. Su voz sonaba rara. Había estado bebiendo. Ricardo era un veterano de la guerra de Vietnam y a través de su vida había estado en 11 programas para dejar de beber, pero sin lograrlo. Había estado en la cárcel muchas veces, obtenido papeletas de la policía por haber manejado bajo la influencia del alcohol, destruído vehículos y tenido acusaciones de acoso sexual en su contra; todo debido a su problema con el alcohol.

Pero Ricardo amaba a Jesús. Siempre que hablaba de su Señor, los ojos se le llenaban de lágrimas.

Esta mañana no fue diferente. Tengo que admitir que me sentí frustrado al recibir una de sus llamadas… nuevamente. Traté de ser cortés mientras Ricardo me hablaba acerca de las tarjetas navideñas que había enviado el pasado diciembre. Quería saber si había recibido la mía y si me había gustado. Le dije que sí.

Buscaba la forma de terminar la conversación cuando Ricardo me hizo una pregunta que me tomó por sorpresa. De repente, me di cuenta que él estaba más cerca del Señor en aquel momento, intoxicado y todo, que cuando estaba sobrio.

Me preguntó si sabía quién había llevado la cruz de Jesús. Jugué a que no sabía. El sí lo sabía. Era Simón de Cirene.

Tú Estás Cargando la Cruz

Luego, comenzó a explicar su punto. Siguió diciendo que la cruz debe haber estado muy pesada para que Jesús la cargara solo. Necesitaba que alguien le ayudara. Finalmente, me dijo que yo era quien estaba cargando esa cruz en aquel momento.

Su comentario me impactó fuertemente. Había sido tocado de una manera en que ningún sermón lo había hecho. Y, Ricardo, mi amigo indio-americano, intoxicado y todo, lo había logrado.

El Espíritu Santo me recordó que: “Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme” (Mateo 16:24).

Siempre pensé que el tomar la cruz tenía que ver con lidiar con las luchas de la vida que deben enfrentar los cristianos. La vida cristiana es difícil… pregúntele a cualquier cristiano que está en la misma ruta.

Pero quizás, sólo quizás, al llevar la cruz estamos ayudando a Jesús a cargarla. Cristo nos dice que vayamos a El, ¿recuerda?: "Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana" (Mateo 11:28-30).

Quizá el descanso para nuestra alma ocurre cuando abandonamos nuestra cruz y tomamos la de Cristo. El tiene toda la responsabilidad. Lo único que hacemos nosotros es unirnos a su obra. ¡Es refrescante saberlo! Podemos deshechar todo lo que estamos tratando de llevar por nosotros mismos y confiar que Jesús cuidará de todo.

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Por Chad McComas. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la vesión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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