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¡Me Gustan las Buenas Peleas!
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Fotografía: iStock
Durante las Olimpíadas de Invierno de 2006, Norteamérica estuvo envuelta en una telenovela entre dos patinadores de gran velocidad. ¿Quién desairaba a quién? ¿Quién de ellos no luchó lo suficiente? ¿Quién no merecía la medalla de oro? ¿Quién estaba allí sólo por gloria personal? La amarga saga parecía dirigir cada noche todas las noticias en Turino. ¡Y nos encantaba!

Existe un personaje en la Biblia que puede ser el fanático de boxeo más grande del universo. Le encanta tener un buen asiento durante una buena pelea. En realidad, Lucifer no se sitúa en la primera fila del MGM Grand, pero puedo asegurarle que está subrepticiamente detrás de una cortina y vitoreando silenciosamente cuando los cristianos se cuadran y pelean entre ellos.

Jesús nos cuenta una parábola en Mateo 13, acerca de un granjero y sus jornaleros que plantan en forma diligente un tipo de trigo de alta calidad… algo bueno. Pero, una mañana mientras traqueteaban en sus John Deeres por aquí y por allá, descubren que hay maleza creciendo junto con el trigo. ¡Un montón de ella! Hay un bosque entero de maleza y los jornaleros están metidos hasta sus caderas en ella.

El granjero inspecciona el lugar y dice, quietamente: “Un enemigo ha hecho esto.” Las hierbas de la división no llegaron solas; esta discordia y este asalto a la paz y a la tranquilidad de la Feliz Granja del Trigal, no es algo que sucedió por accidente.

Una vez leí un “pedido de oración” que una madre envió a un ministerio radial. “Mi hijo parece deleitarse en el conflicto,” escribió. Siempre está tratando de hacer enojar a las personas.” Instintivamente, pensé: “Niño estúpido. Alguien debe darle una buena paliza.” Luego, leí la enigmática línea final: “Tiene 11 años, ha sido molestado sexualmente y ha estado en terapia durante dos años.”

Compartiendo Su Dolor

Ah, esa era la historia. Este niño pelea. Le encanta pelear. Es adicto a las peleas. Algo enfermizo y doloroso dentro suyo compensa su propia pena logrando que alguien más comparta ese dolor. Y un poder demoníaco se regocija entre las sombras.

Cierta vez, mi propia denominación se enredó en un debate que duró décadas y que se centraba en esos puntos irresolubles de la teología que jamás desaparecerán. Se escribieron libros defendiendo ambas posturas; artículos de revistas castigaron a quienes no estaban de acuerdo; reuniones de campestres y otras convocaciones se movían hacia adelante y hacia atrás, a la derecha y a la izquierda, discutiendo el tema. Recuerdo una frase que resumió la inutilidad de tratar de ganar esta guerra inútil: “Hemos malgastado un tiempo valioso,” concluyó el autor. “Hemos desanimado a muchos. Si la mano del diablo no está en esto, entonces, él no está vivo” (Roy Adams, The Nature of Christ).

Hay momentos en que es apropiado enojarse. Pero la Biblia nos advierte: “Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo” (Efesios 4:26, 27). Y, en vez de enfocar nuestra energía mental en ganar argumentos y sacar provecho de nuestros propios hermanos en Cristo -cosa que le encanta al diablo- somos invitados a esta gran plataforma de la paz: Pero debemos tener la mente de Cristo.

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Por David Smith. Derechos © 2015 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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