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¿Perros Fieles?
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Photo: Fotografía: Valentina Jori
Mi perro es fiel. Siempre se pone contento al verme. Mueve la cola y me sigue alrededor de la casa. Me busca y se sienta a mis pies. Es fiel a mí como dueño suyo que soy. Cuando no estoy en casa, duerme y me espera hasta que regrese.

¿Es esta una imagen de lo que significa ser fiel a Dios? Nosotros esperamos el regreso de Cristo. Si estuviera por venir, nos sentiríamos felices al verlo. Moveríamos la cola y lo seguiríamos a todas partes. Nos sentaríamos a Sus pies. Seríamos fieles a El. Pero, ¿qué hacemos mientras Jesús regresa? ¿Debemos dormir? ¿Recuerda, usted, a las diez vírgenes?

La imagen de un perro fiel no funciona para mí. No creo que Jesús desee que nos sentemos, pasivamente, como un perro fiel y leal hasta que regrese.

¿Existe alguna imagen que nos haya dejado Jesús acerca de lo que significa ser fiel? ¡Sí! Se encuentra en la historia de “los talentos”, en Mateo 25:14-30. Allí está una de mis “frases favoritas para la vida.” Es una frase corta por la cual deseo vivir. Me motiva. La frase es: “Hiciste bien, siervo bueno y fiel.” El señor de la historia les dijo esto a los siervos que fueron fieles mientras él se había ido en un largo viaje. Cuando regresó, descubrió que mientras él no estaba sus “buenos y fieles” siervos habían utilizado “los talentos” qué él les había dado en forma productiva, de manera que sus posesiones aumentaron.

Sirvientes Fieles

No había nada pasivo en esos sirvientes. No eran perros durmiendo. Por el contrario, estaban llenos de vida. Se arriesgaban. Eran proactivos, no reactivos. Se enfrentaban a la vida. Vivían la vida con gusto. Se enfocaban en las posibilidades que tenían y no en todas las razones para no hacerlo. Operaban por fe y no por temor. Disfrutaban de la vida al máximo hasta el día en que llegara su señor. No se disculparon. No culparon a otros por las dificultades de la vida. Comprendieron que su señor les entregó todo lo que ellos necesitaban para ser exitosos. El destino estaba en sus manos. Sus actitudes los convirtieron en siervos buenos y fieles. Estaban llenos de entusiasmo. Obraban con alegría. Hicieron un impacto y marcaron la diferencia. Complacieron y honraron a su señor.

Pero hubo un siervo que no produjo dividendos. Tuvo la misma oportunidad. Le fueron dado los mismos recursos. Era tan capaz como los otros. Tuvo la misma cantidad de tiempo. Pero temió por su vida y tuvo miedo de su señor. No esperó a que regresara. El esperó que su señor fuera duro con él, de modo que actuó de esa forma. Pensó que si vivía “seguro”, sin correr riesgos y sin aparentes fracasos, su señor estaría feliz cuando regresara. No quiso levantar oleaje. No quiso estar en el candelero. Jugó a lo seguro para devolverle “el talento” que su señor le había dejado. ¡Mala elección!

En esta parábola el señor no estuvo contento con el siervo que jugó a lo seguro. Se sintió complacido con aquellos que estuvieron dispuestos a correr riesgos.

Entonces, ¿qué hay de nosotros? ¿Somos fieles? ¿Estamos utilizando en su máxima capacidad lo que Dios nos ha dado? ¿Somos personas que se arriesgan? ¿Vivimos con gusto? ¿Encaramos la vida y nos apropiamos del reino a toda costa? ¿Somos positivos? ¿Estamos siendo controlados por la fe? ¿Somos entusiastas? ¿Alegres? ¿Hacemos la diferencia en el mundo que nos rodea? Si ese es el caso, pienso que… no, estoy seguro que Jesús se siente complacido. Casi no puede esperar para regresar y decirnos… “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” (Mateo 25:21)

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Por Chad McComas. Derechos © 2015 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL®, 2002.


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