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La Regla de Oro
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Fotografía: iStock
Mientras pertenecía al Cuerpo de la Marina, pasé algún tiempo en Africa, dirigiendo misiones de apoyo de la Operation Enduring Freedom. Realizamos la mayoría de nuestras misiones en el Desierto del Sahara, donde advertí que la población era extremadamente pobre. La mayoría vivía en carpas hechas de cuero de camello, y podían desplazarse sin problema de un momento a otro. Los más adinerados vivían en casas de piedra, y otros pocos, en casas confeccionadas de estaño.

No estoy muy seguro de cuál era su alimentación, pero asumo que tenían algún tipo de sistema agrícola pequeño. Había unos pocos que eran pastores de cabras y, supongo, que la leche y la carne de ellas eran también parte de su dieta. Tan lejos como llegaba el agua, una vez divisé a una mujer que sacaba barro de un hoyo en el suelo que utilizaban para que el río fluyera.

Durante las primeras semanas allí, depositábamos la basura en un contenedor grande que se le alquiló a la ciudad y que estaba localizado a millas de distancia. Esto, sin embargo, resultó ser un problema. Los nativos tenían muy pocos alimentos, de modo que comenzaron a buscar restos de comida en nuestra basura. En el proceso, la basura comenzó a dispersarse por todas partes y pronto se hicieron presente algunas enfermedades. Tuvimos que decidir enterrar nuestra basura para que se terminara con ese problema.

Un día, mientras salíamos a patrullar el lugar, pasamos a través de una tribu pequeña de nativos. Algunos mendigaban a nuestro paso y decidí que cuando regresáramos, les regalaría una caja de alimentos. Normalmente yo me sentaba en el asiento del pasajero en el vehículo que comandaba Humvee. Pero, al regresar, quise estar en el torreón, detrás del fuselaje, para poder lanzar la caja. Al acercarnos a la tribu, los vi mendigar nuevamente y allí fue cuando lancé la caja de alimentos fuera del vehículo. Todavía puedo oir aquella voz de mujer, diciéndonos: “Merci, Merci!” (“¡Gracias, gracias!”) Ayudar a esas personas en aquel lugar, ha sido el sentimiento más profundo que haya tenido jamás.

La Regla de Oro

Jesús resume el Antiguo Testamento, diciéndonos: “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes” (Mateo 7:12). Esto también es conocido como la Regla de Oro. Si yo me hubiese parado a la orilla del camino a rogar que alguien me diera de comer, me hubiera gustado mucho que alguien lo hiciera. Por éso lo hice yo.

Para poder cumplir con la Regla de Oro, no podemos juzgar a los demás en la situación en que se encuentran. Antes de que Jesús mencionara la Regla de Oro, preguntó lo siguiente: “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?” (Mateo 7:3) Si hubiera juzgado a la gente de ese lugar, nunca les habría dado una parte de mis alimentos.

Hice esto antes de conocer a Cristo y su Palabra. Él espera que, como creyente, haga aún más por mi prójimo. ¿Vive, usted, de acuerdo con la Regla de Oro?

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Por David Wolstenholm. Derechos © 2015 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la vesión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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