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El Juego de la Culpa
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Fotografía: Fabio Pusterla
Es tan antigua como la tierra. Algunos la llaman racionalización. Otros, el medio ambiente. Se ha dicho que es sólo un subproducto natural de las familias disfuncionales y del sistema. Póngale, simplemente, culpa.

La culpa es cuando nos sorprenden en algo malo y tratamos de echarle la culpa a los demás.

¿Se acuerdan de Adán y Eva? Después que probaron del fruto prohibido, Dios se les apareció. Les preguntó si habían comido del árbol. Al instante ellos aprovecharon la ocasión para culparse el uno al otro y también a la serpiente. Sabemos que la serpiente era utilizada por Satanás, así que desde entonces nosotros hemos tratado de culparlo a él. ¿Se acuerdan del comediante Flip Wilson? Es famoso por decir esta frase: “¡El diablo me obligó a hacerlo!”

Culpa… todos la hemos sentido a lo largo del camino. Y todos hemos experimentado sus consecuencias. No nos hemos sentimos mejor con ella. Tampoco nos hemos vuelto más inteligentes después de experimentarla. Nunca nos hemos podido librar de ella.

Una persona muy sabia, dijo: “Un hombre puede fallar muchas veces, pero dejará de ser un fracaso cuando no culpe a alguien más por sus fracasos.”

No se acaba el mundo al cometer un error y fallar, pero cuando no aprendemos de nuestros errores, no podemos mejorar. Quedamos atascados en el juego de la culpa.

De Culpar a los demás, a Vivir Intachablemente

Dios desea que dejemos de culpar a los demás y vivamos intachablemente. David habla acerca de ser intachables: “¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en tu santo monte? Sólo el de conducta intachable, y de corazón dice la verdad; que no calumnia con la lengua, que no le hace mal a su prójimo ni le acarrea desgracias a su vecino; que desprecia al que Dios reprueba, pero honra al que teme al Señor; que cumple lo prometido aunque salga perjudicado; que presta dinero sin ánimo de lucro, y no acepta sobornos que afecten al inocente. El que así actúa no caerá jamás” (Salmo 15).

Ser intachables es una orden superior. ¿Es intachable una persona que nunca ha cometido una falta? Si así fuera, ¡ninguno de nosotros llegaría jamás a ser intachable!

Ser intachables no tiene que ver con no cometer errores; significa pedir perdón por nuestras faltas. Es “admitir” algo y crecer. Cuando admitimos nuestros errores y nos hacemos cargo de ellos, somos perdonados. Y cuando somos perdonados, Dios borra nuestros pecados y llegamos a ser inocentes. Eso es mucho más fácil que entrar en el juego de la culpa.

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Por Chad McComas. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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