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Refugio Seguro
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Fire hydrant
Fotografía: Garann Means
A pesar del gran esfuerzo del equipo de la sala de emergencia, el corazón del paciente dejó de latir y no fueron capaces de revivirlo. Cuando la turbada esposa llegó al hospital, le dio una mirada a su esposo muerto y le dijo: “¡Mira lo que has hecho! ¡Mira el lío que ocasionaste! ¡Debieras haberte cuidado mejor! ¿Qué voy a hacer, ahora?”

Aunque esta no sea la típica reacción ante la muerte de un ser querido, revela algunas emociones normales fundamentales. Cuando se nos muere alguien a quien amamos, o experimentamos algún tipo de pérdida significativa, es perfectamente normal sentirse asustado, inseguro, confuso y solo.

Durante un fin de semana, viajé hasta Riverside, California, para un programa vespertino. Mientras permanecía sentada cómodamente dentro del edificio con aire acondicionado, disfrutando del evento, el maestro de ceremonias avanzó hasta el micrófono y anunció que debíamos mover nuestros carros del estacionamiento porque la casa ubicada detrás del edificio donde nos encontrábamos, ¡se estaba incendiando!

Corrimos hacia afuera. Dando vueltas por el estacionamiento, observamos cómo los tibios vientos de Santa Ana golpeaban las llamas, dirigiéndolas hacia nuestra estructura. Las palmeras parecían antorchas. Algunas horas más tarde, el hogar de una familia lucía desbaratado y ennegrecido. Incluso, los carros que estaban estacionados a la entrada fueron destruídos. Un solitario calentador de agua ocasionó todo el lío.

Imagine el Impacto

Uno sólo puede imaginar el impacto, la pena y la confusión de una familia que está pasando sus vacaciones fuera y regresa para descubrir que no tiene hogar y que todas sus posesiones terrenales se quemaron, sin poder llegar siquiera a reconocerlas.

Hablando en forma optimista, la mayoría de nosotros jamás experimentará una pérdida de dicha magnitud. Pero, incluso, las pérdidas pequeñas e inesperadas producen ansiedad y, a veces, pueden ser lo suficientemente estresantes para lanzarnos al suelo.

Pero, no importa cuán grandes o pequeñas sean nuestras pérdidas, hay un lugar donde podemos ir, una Persona a la que podemos acudir en tiempos de desilusión y confusión: “El Señor es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia. En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan” (Salmos 9: 9-10).

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 2002.


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