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Pajaritos, Abejas y Pureza
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Couple in love
Fotografía: Christian Carollo
Comenzó como cualquier otro día de escuela. Ya sabes, uno de esos días en que te preguntas por qué tu ropa para hacer gimnasia no está limpia, tu pelo tiene esa cosa pegagosa en la punta y acabas de recordar que debes entregar un trabajo de investigación para la clase de Historia. Ese tipo de días.

Como madre de una chica de 15 y un niño de 12, me sentía feliz de no ser la única en tener que prepararme para un día de escuela; en cambio, yo era el chofer -un trabajo al cual renunciaré tan pronto le den la licencia de conducir a mi hija Joelle. Nos amontonamos en el carro: Joelle al frente, junto a mí y Scott, arrumbado en la parte de atrás del vehículo, tratando de cazar unas cuantas abejas más por el camino. Joelle, generalmente conversa consigo misma, teniendo siempre una buena disposición mañanera. Scott y yo, por otro lado, tendemos a despertarnos un poco más lentamente.

Ella seguía charlando y yo, calmadamente, le respondía con monosílabos hasta que oí la palabra “sexo”. ¡Oye, espera! ¿Estaba perdiéndome algo? “¿Podrías repetirlo, nuevamente?”, pregunté. “Debo haber estado pensando en otra cosa.”

¿Qué dijiste?

“Acabo de decir que Jennifer y yo decidimos que no usaremos drogas ni tendremos relaciones sexuales con los chicos, porque nosotras no lo necesitamos”, repitió Joelle. “Nos sentimos demasiado bien con nosotras mismas, ¿por qué tendríamos que hacer algo que nos va a herir? Además, no es lo que Dios tiene en mente para nosotras, antes de que nos casemos.”

Tartamudeé un poco y comencé a transpirar, aunque el aire de la mañana era bastante fresco. Si deseas ver transpirar a tus padres, háblales de sexo. “¿Tú y tus amigos hablan mucho acerca de sexo y drogas?”, le pregunté.

“Sí, a veces. Una de las chicas de nuestra clase está embarazada y es un tema bastante común, ahora”, contestó.
“¿Sabías, tú, que ella estaba teniendo relaciones sexuales?”, le pregunté.

“Algunos de nosotros lo pensábamos”, dijo Joelle. “Ella ha tenido problemas en su hogar y ha dejado de asistir a los programas después de las clases. Traté de hablar con ella e invitarla a que participara en nuestro grupo de alabanza, pero me dijo que no estaba interesada, realmente, así que no supe qué más hacer.”

Cuando llegué al estacionamiento de la escuela -demasiado pronto para que nuestra conversación terminara- traté de decir algo. Scott despertó y ambos bromeaban cerca del carro, gritando rápidos adioses. Me quedé allí, con el carro detenido, mientras pensaba en su compañera de clases y en sus padres, en cómo deben estar sintiéndose en relación a ella, una futura joven madre, y orando para que Joelle siempre se sintiera bien consigo misma.

Desde luego, hacía años que yo había tenido con ella la CHARLA DEL SEXO, tal como su papá la tuvo con Scott, pero solamente traté los puntos negativos de tenerlo fuera del matrimonio: la posiblidad de quedar embarazada y las posibles enfermedades. No había enfatizado en lo bien que se siente uno al estar haciendo lo que Dios nos pide que hagamos al cuidar de nuestro cuerpo, mayormente porque a los 15 había descubierto el lado opuesto de ello. Fue hace mucho tiempo, pero los recuerdos se me agolpan recordando cuán perdida me sentía y lo distante y alejada que estaba de Dios. Nada parecía estar yendo bien.

Sintiendo la Presión

Mis padres y yo no nos llevábamos bien, estaba saliendo mal en algunas de mis clases y mi novio - la única persona en el mundo que creía que me amaba - me presionaba a tener relaciones sexuales con él. Y, ¿por qué no debía hacerlo? A nadie le importaba, realmente - ni siquiera a Dios, quien tenía valores morales tan altos para mí, que sólo me hacían fallar y fallar. Siendo que era tan mala, ¿qué importaba, una cosa más?

Dos chicas de 15 años. ¿Dos Dios, diferentes? No. La diferencia está en el mensaje que las dos quinceañeras recibieron ACERCA DE DIOS -los dos mensajes diferentes que ambas escucharon. Yo había oído hablar acerca del legalismo y de las reglas; Joelle, de la libertad de creer en un Dios que tiene el mejor interés en ella. Yo crecí con aquello de: “La paga del pecado es muerte,” y ella creció entendiendo el mensaje de Efesios 3:18-19 (TLA): "Así, con todos los que formamos el pueblo de Dios, podrán comprender ustedes el amor de Cristo en toda su plenitud. Le pido a Dios que puedan conocer ese amor, que es más grande de lo que podemos entender, para que reciban todo lo que Dios tiene para darles."

Por supuesto, ambos son legítimos textos de la Biblia. Uno, el que yo oí y en el que creí, trata acerca de cómo se siente Dios en cuanto al pecado. El que escuchó Joelle, tiene que ver en cómo se siente Dios con sus hijos. ¿Puedes imaginar que Dios nos ama tanto que nos llenará de vida y de poder? El poder de elegir correctamente sabiendo que no importa lo que hagamos, seremos amados. ¡Fantástico!

Ciertamente, esas dos quinceañeras tomaron senderos diferentes. ¿Pueden, posiblemente, ir a parar al mismo lugar? ¡Por supuesto! Sólo que uno de los senderos es menos doloroso y perjudicial que el otro. ¿Por qué revolcarse en el barro, si puedes saltar el charco? Debido a que Dios nos ama tanto, El tiene promesas para quienes no hacemos siempre lo que es mejor para nuestras mentes y cuerpos. “No hay otro Dios como tú. Somos pocos los que quedamos con vida. Tú perdonas nuestra maldad y olvidas nuestro pecado. Tan grande es tu amor por nosotros que tu enojo no dura para siempre. ¡Vuelve a compadecerte de nosotros, y arroja todos nuestros pecados a lo más profundo del mar!” (Miqueas 7:18-19, Traducción en Lenguaje Actual).

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Por Dee Reed. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL, 2002 ©.


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