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Viviendo con la Tierra
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Fotografía: Jake Levin
Estoy observando fijamente la tierra -2.400 pies cuadrados de ella. Relajada y sentada en uno de los sillones del patio (con nada de césped a la vista), una brisa apacible levanta el polvo y lo dirige hasta el pedazo de cemento donde me encuentro sentada. Entra en mi nariz y se me adhiere al cabello. Una capa delgada cubre mis libros y papeles.

Periódicamente, agarro la escoba y barro. Pero la tierra siempre regresa, como mosca fiel. El perro Labrador de mi hijo se levanta de su entierrada cama al costado de la casa, se sacude el polvo de su negro pelaje y me olfatea con su sucia nariz.

Esta es la parte trasera de mi casa. No, este es mi patio -¡pero sin césped!

Imagino cómo podría estar, cómo luciría algún día, y esto es lo que veo: Un césped exhuberante y verde de 1.200 pies cuadrados, con un atractivo borde, dos cerezos cargados de fruta madura y gordita, 10 toneladas de granito de color oro, una variedad de coloridas plantas cubriendo el suelo, un sistema automático de riego, un caminito de rocas achatadas, cataratas que calman los nervios y un juego nuevo de muebles de exterior.

Pero por el momento, dos sillones de 42 años de antiguedad con telarañas ubicados en mi patio y un césped lleno de tierra, es todo lo que tengo. Vea usted, tomé la decisión de que prefería mirar la tierra, que estar endeudada.

Gratificación Retrasada

La nueva casa que compré hace seis meses, vino sólo con un jardín a la entrada. Hacer el patio de mis sueños, me costaría cerca de seis mil dólares; los que no tengo.

Ah, sí… podría obtener un crédito; estoy segura que algunos (si no, todos) de mis vecinos lo hicieron así. ¿Pero cuál sería el costo? Tendría un patio hermoso en tres días, pero sé que no podría disfrutarlo. Cada vez que eche a andar el sistema de cataratas, recordaría lo que debo. Me imagino tirándome en la cama, revolviéndome en ella, preocupada por las noches pensando en cómo lo pagaría y lo que sucedería si llegara a enfermarme o a tener algún accidente y no pudiera trabajar.

Así que decidí no preocuparme por ello. Por ahora, no tendré un hermoso patio trasero, pero tengo paz mental. Estoy resuelta a ahorrar para mi jardín (una noble idea en estos días). Por el tiempo que dure, escogí vivir con la tierra, que estar endeudada.

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Por Kathy A Lewis. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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