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¿Sobró Algo?
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Fotografía: Tracy Scott-Murray
“Comieron todos hasta quedar satisfechos, y los discípulos recogieron doce canastas llenas de pedazos de pan y de pescado” (Marcos 6:42,43).

De modo que Jesús salió mal en el exámen de comida. En realidad, no es un mal puntaje luego de alimentar como a diez mil personas en la ladera de Judea. Unas cuantas cestas con algo de comida no es un excedente sustancial. Pero, ¿por qué un Jesús conocido por todos, se equivoca en la marca?

En el primer libro de la Biblia, Génesis, Jesús, como Creador, es un maestro de la precisión. El “principio antropólogo” de la Ciencia sugiere que nuestro planeta tiene un tamaño y masa perfectos, la distancia exacta necesaria entre el sol y otros mundos. Pero cuando tiene que ver con obsequios personales para la raza humana, Dios siempre sobrepasa el presupuesto.

Milagros Racionales

Jesús y sus amigos, los discípulos, se aparecieron en un banquete de bodas en la ciudad de Caná --uno de esos eventos que probablemente duró varios días. Casi al final, se les acabó el vino. Unas pocas botellas de Martinelli habrían servido para el fin de fiesta. ¿Qué hizo Jesús? Llenó seis jarras grandes de piedra en forma milagrosa. Expertos de la Biblia piensan que Jesús pudo haber llegado a los noventa galones del mejor vino que nadie haya probado jamás. La gente, probablemente, haya seguido bebiendo las sobras de aquella generosa provisión de Jesús, durante dos meses después de la boda.

¿Por qué este tan grande rompimiento del presupuesto y despliegue de cuidado personal? Es una verdad maravillosa saber que nuestro Redentor y amigo Jesús, simplemente no DEJARIA DE DERROCHAR en nosotros -permitiendo que nos perdiéramos.

Stephen Ambrose, en su enorme éxito de venta titulado, D-Day , acerca de la Segunda Guerra Mundial, observa lo siguiente: “La guerra es un desperdicio. Hombres y equipamiento --y Generales-- han gastado tanto como su destrucción y muertes han contribuido a la meta final de la victoria. Centenares de hombres y jóvenes, entrenados a expensas de gastos inmensos, fueron muertos (el 6 de junio de 1944), muchos --quizá la mayoría de ellos-- antes de que pudieran hacer un sólo disparo. Las pérdidas del equipo, tambaleaban. Centenares de tanques, camiones, artillería a propulsión, jeeps y artefactos de aterrizaje de todo tipo se hundieron o fueron destruídos en la playa por la artillería alemana. Miles de radios, rifles, fusiles, cajas de munición, raciones de K y D, BARs [rifles automáticos marrones], bazucas, lanzallamas, máscaras de gas, granadas de mano y otros materiales, fueron destruídos, abandonados o hundidos en el mar.

Las fuerzas Aliadas inundaron Omaha Beach con un vasto excedente de arsenal de destrucción, venciendo el factor trágico del desperdicio con gran valentía y con un despilfarro extravagante de armas. ¿Por qué? Porque el mundo entero estuvo pendido por un hilo, se debía derrotar la sombra oscura del Nazismo --y tenía que ser en ese momento. Podría no existir el mañana.

Derroche Radical

Las estadísticas de la Segunda Guerra Mundial pueden lucir en desventaja en su habilidad de inspirarnos, hoy en día. Pero cuando considero el gasto fastuoso que mi Padre celestial invirtió en el regreso del hijo pródigo-los abrazos, el anillo, los zapatos nuevos, la fina túnica familiar, el becerro más gordo-bueno, soy yo en esa historia. Yo, con los 90 galones de Martinelli.

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Por David Smith. Derechos © 2015 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 2002.


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