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Estancamiento Invernal
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Fotografía: Stock.xchng
Odio el mes de enero. Realmente, lo odio. No hay un mes de enero en el que recuerde haberlo pasado bien. Es posible que yo tenga la culpa. Cuando el juego de adornos navideños llega a su fin, soy la primera en guardarlos todos. En vez de saborear el momento de quietud posterior, me asusto, porque no tengo nada que celebrar hasta, quizás, mi cumpleaños en agosto.

Sucede cada enero. En cuanto llega enero, me desanimo y me deprimo. Por supuesto; tengo razones para ser un poco desiquilibrada: ha llovido por casi 40 días con sus noches, y el techo de mi convertible se gotea. He gastado la mayor parte de mi salario, y faltan 10 días para que me paguen nuevamente. No he asistido a las clases para bajar de peso a las cuales me inscribí. Me sofoco de calor. Tengo una espinilla --¿cómo puedo tener espinillas y sofocarme de calor, al mismo tiempo? Finalmente, acaban de cambiar el sistema de computadoras en mi trabajo.

Bueno, sé que ninguna de esas razones es demasiado espectacular, pero usted se sorprendería al ver cuán agotada puedo quedar con una sóla de ellas. Póngalas juntas y tendré permiso para padecer de agotamiento nervioso --¿o no?

No; de hecho, no lo tengo. Hay demasiadas cosas en juego. Cada vez que me desplomo, descubro que no estoy sola. Cuando estoy en el barro, miro a mi alrededor y junto a mí veo al diablo aún más embarrado que yo, diciéndome que es allí donde debo estar, deleitándose en mi miseria -es tan bueno para éso. Ya debo saberlo, he pasado suficiente tiempo en el chiquero con él. Cuando he terminado de revolcarme, comienza a convencerme de que todo por lo cual estoy pasando se acaba y, peor aún, que merezco cada una de las cosas que me ocurren.

Necesito un Milagro

Hasta donde pueda recordar, siempre he reaccionado negativamente al estancamiento invernal. Tomará un milagro para que me sienta diferente y es exactamente éso lo que se me ha prometido --un milagro. Se nos ha dicho que Jesús fue tentado en cada uno de los aspectos que nosotros somos tentados. Siendo que una de mis grandes tentaciones es la depresión, entonces debe haber sido lo mismo para El. Cuando murió en la cruz, Jesús murió por mí y, en realidad, murió COMO yo. “El diablo le puso a Jesús las mismas trampas que nos pone a nosotros para hacernos pecar, sólo que Jesús nunca pecó” (Hebreos 4:15, TLA).

En el Jardín del Getsemaní lo imagino sufriendo de depresión y cuestionándose Su valor como sacrificio apropiado. Pienso que también fue un solitario. Creo que sufrió y se desilusionó al comprobar que sus amigos no lo amaban lo suficiente como para velar con El durante la última noche. Para mí, al aceptar que Jesús murió en la cruz como yo, debo creer que El comprende por lo que atravieso debido a que sintió lo mismo que yo y descubrió la forma de salir victorioso. Isaías 53:4 lo apoya de la siguiente manera: “A pesar de todo esto, él cargo con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores.” (TLA).

Mis amigos terrenales tratan de decirme, “sé exactamente como tú te sientes.” Es un hermoso pensamiento y los amo por tratar de comprender, pero sólo hay una persona que sabe realmente cómo yo me siento y ha prometido nunca abandonarme, ni dejarme. Ese sí que es un amigo.

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Por Dee Reed. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL, © 2003.


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