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Estar Enamorado
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Fotografía: Phuong Tran
Después de 25 años de matrimonio, mi esposa y yo salimos de viaje para celebrar San Valentín. Nuestra nieta, Kira, se zafó de los brazos de su padre, se cayó de la cama y se fracturó el femur… así que la abuela voló a Raton Rouge por un largo tiempo. (Lisa tiene tantas millas acumuladas como viajero frecuente de Lousiana, que los pilotos de las aerolíneas pasan por su casa y la llevan ellos mismos al aeropuerto). De modo que últimamente nos encanta la larga distancia; y está bién.

En noviembre de 1979, cuando nos conocimos y “nos enamoramos”, deseábamos estar juntos en todo momento. La mayoría de nuestras citas se prolongaban hasta las 2:00 de la madrugada con besos en el sofá y adioses de mala gana. Pero, como C.S. Lewis lo señala en uno de sus ensayos titulado, Mere Christianity, aunque “estar enamorado” es un estado glorioso y de mente nublada, es un sentimiento temporal, no un principio permanente. Y las parejas maduras renuncian voluntariamente a ese vértigo, por el gozo de tener una relación más profunda, permanente, madura y satisfactoria, que soporte todo y supere los altos y bajos.

El le otorga a la conexión sexual cristiana entre marido y mujer, un sentido de celebración y de unión verdadera, un compromiso bien establecido e inquebrantable. Pienso (y me averguenzo de  saberlo), en los personajes ficticios de la cadena de televisión CBS, como Charlie Harper, quien busca egoístamente compañeras de cama no sólo para dos hombres y medio, sino para veinte. Pero esa clase de hedonismo superficial, donde se desea solamente la sensación física, esos cinco minutos de extática “diversión”, sin amor ni ternura, es, escribe Lewis, un tipo de bulimia disfuncional romántica. ¿Cómo alguien puede engañarse a sí mismo, deseando tan poco?

Hijas de Eva

Regresé a mi pueblo de origen, Bangkok, en el año 2002, como orador en un seminario de oración de la escuela cristiana de Enfermería. Fue una semana muy agradable, compartiendo el evangelio con 250 jovencitas tailandesas muy hermosas (todas ellas de la misma edad de mi hija más joven). Cuando, a cinco minutos antes de comenzar, uno de los administradores me pidió que diera un seminario más, busqué un tema de qué hablar antes de decirle lo siguiente a mi auditorio: “Ustedes, jovencitas, son todas hijas del Dios de los cielos, ustedes son princesas, hijas de Eva”. Incluso como Budistas, ellas conocían suficientemente la Biblia como para reconocer esa metáfora.

Continué lamentando la triste realidad que viven en uno de los centros de comercio sexual más conocidos en el mundo, donde la prostitución es una de las realidades desenfrenadas de Tailandia. Es una expresión callejera común de Patpong Road decir que un visitante americano o europeo puede comprar por “un corto tiempo”, una chica del bar por unos 30 dólares. Por un “tiempo largo”, donde la chica permanence toda la noche en su cuarto de hotel… bueno, tal vez la cifra sea el doble.

Estando sentadas, con sus rostros serios, les dije lo siguiente a esos tesoros femeninos: “La fe cristiana dice que fuiste comprada con la valiosa sangre del Calvario; Jesús te valora mucho más de lo que pagan en el distrito rojo de Bangkok. Nunca permitas que alguien venga y te trate en forma tan barata.”

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Por David Smith. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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