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El Valor de las Raíces
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Fotografía: Hemera
Desde que me he convertido en madre, he descubierto crecientes razones para admirar a mis propios padres. El cuidado de los hijos es un trabajo duro y todos tendemos a hacerlo con buenas intenciones, cometiendo muchos errores. Y, claro, siendo que yo soy la primera hija, ¡creo que fuí la niña–experimento de mis padres!

Respeto mucho el sentido de seguridad que mis padres me proporcionaron. Ellos estuvieron casados durante 55 años. Vivieron en la misma granja y en la misma casa a la que llamaron hogar durante toda mi vida. Mi padre nació en aquella casa y ambos murieron allí. Mi padre hizo todos los esfuerzos humanamente posibles por mantener “en casa” a mi madre enferma. Ella solía comentar cuántas veces sus padres tuvieron que mudarse de lugar en lugar, debido a las muchas posesiones que vendían o perdían.  Aunque hubiera preferido viajar más, pienso que fue beneficioso para ella establecerse en un lugar seguro.

Tengo raíces emocionales muy profundas acerca de esa granja y esa comunidad. Mis abuelos trabajaron duramente para comprar y mantener los 150 acres de tierra, las cuales heredó su único hijo. Durante mi infancia, recorrí todo el campo y entendía los matices de cada temporada: cosecha, pestes, clima y vacaciones. Todo esto formaba parte de los inevitables ciclos de la vida. La dirección de mi casa y el número de teléfono de ella, nunca cambió, y siempre supe dónde estaba mi dormitorio.

Si se hubieran cambiado de lugar, mis padres tal vez podrían haber tenido otra educación y otras oportunidades en la vida. Sin embargo, debido a que escogieron preservar las raíces en vez de la transición, cuatro generaciones de la familia han tenido recuerdos de nuestro hogar.

Mi vida espiritual ha sido realzada debido a mi herencia de seguridad y compromiso. Valoro los altos y bajos de mi experiencia matrimonial y lo que refina el carácter del otro. Creo, también, que debido al hogar de mi niñez, puedo apreciar mejor el significado de “pertenencia” del amor de Dios y el regalo de un hogar celestial eterno.

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Por Karen Spruill, M.A. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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