Home > Archives > La Familia es lo Primero >
.
Listos para Sanar
.
Photo: Cynthia Turek
Sue siempre tenía razones para meterse en los líos en que se metió. Cada vez que se rompían cosas en su hogar, era culpa de su hermano. Incluso lo culpaba a él de tener su propio cuarto desordenado.

En la escuela secundaria Sue culpaba a sus maestros por sus bajas calificaciones escolares alegando que “no la querían” o estaba muy enferma para asistir a clases o los demás alumnos la trataban mal.

Sue no duraba mucho en los trabajos. Siempre culpaba a sus colaboradores, al director de turno o a la póliza de las empresas. Siempre los tomaba por sorpresa cada vez que abandonaba un trabajo.

El Juego de la Culpa Continúa

El matrimonio de Sue y Frank comenzó bien, pero pronto empezaron a enfrentar dolorosos problemas financieros. Frank descubrió cargos “sorpresa” en las tarjetas de crédito y pagos con cheques sin fondos en su cuenta bancaria. Cuando Frank la confrontó, Sue lo culpó a él de no ganar suficiente dinero para cubrir los gastos del hogar y sus necesidades. Además, su esposo era “muy controlador” en cuanto a las finanzas. La culpa era de él, no suya.

La tensión en el matrimonio creció y se hizo una brecha cada vez más grande. Sue estaba enojada de haberse casado con un perdedor y comenzó a beber alcohol para lidiar con su dolor. Ella creía que bebía por culpa de su esposo.

Sue bebía para levantarse, para hacer frente a las mañanas, a las tardes, a las noches, y para poder dormir. Guiaba bajo los efectos del alcohol. Tuvo problemas en los tribunales, multas, libertad condicional y también unos días de cárcel. Por supuesto, todo eso era culpa de los demás. No de ella.

Sue abandonó a Frank, o Frank abandonó a Sue. Fue de común acuerdo. Su familia se distanció. Sue se quedó sin amigos; finalmente perdió el respeto que sentían hacia ella. Se aisló y se enojó con todos los que la pusieron en la situación en la que se encontraba. Su negación se hizo cada vez más profunda.

Cuando Sue tocó fondo y se enfermó, cansándose de todo, dejó de negarlo. Gimió ante Dios: “No lo resisto más. Me siento fuera de control y necesito ayuda. Estoy lista para el cambio. Por favor, Dios mío, toma  el control de mi vida.”

Lista para Ser Ayudada

Eso fue el principio de una nueva vida. Desde ese momento, Dios dio un paso en la vida de Sue y la guió por una vida que cambió de rumbo y transformó completamente su actitud. Comenzó cuando ella admitió que necesitaba ayuda.

Jesús nos enseñó cuán esencial es admitir nuestras faltas y necesidades. Lo hizo a través de sus famosas Bienaventuranzas: "Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” (Mateo 5:3).

Cuando somos “pobres en espíritu” nos damos cuenta que necesitamos ayuda. Admitimos que no podemos hacerlo solos. No tenemos todas las respuestas. El “pobre en espíritu” pierde su arrogancia. Deja de mirar desde arriba a los demás y comienza a depender de Dios.

Ser “pobre en espíritu” es algo bueno. Es curativo. Admitirlo es el primer paso en el proceso de la curación porque rompe el poder de culpar a los demás que nos tiene atascados.

Si desea hacer algún comentario sobre este artículo, diríjase a
______________________________

Por Chad McComas. Derechos © 2006 by GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL  2002 ®.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.