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Sin Condiciones
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Fotografía: iStock
"…porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

Recuerdo mi tristeza cuando uno de mis mejores amigos se mudó de nuestro vecindario. Sin embargo, a las pocas semanas una nueva familia llegó con una hija de mi edad. Su nombre era Joy y, para mi sorpresa, ¡su madre trabajaba! Note usted, en 1961 era realmente algo excepcional que una madre trabajara fuera del hogar.

También me asombraba el tamaño de su asignación familiar. La mayoría de mis amigos, inclusive yo, recibíamos $1 a la semana, pero la madre de Joy le daba $5 semanales ¡para gastarlos en lo que ella quisiera! Y, para mi agrado, ¡Joy escogió gastarlos en mí! Cada día, después de las clases, Joy y yo íbamos en bicicleta hasta la tienda local donde me compraba dulces, helados y sodas. Esto sucedió durante semanas, hasta que un día Joy me dijo: “Mi madre se enteró que he estado gastando mi asignación semanal en ti, ¡y quiere que me devuelvas todo el dinero!”

Aturdida por la incredulidad, pedaleé lentamente de vuelta a casa, desvaneciéndose desde ese instante nuestra amistad. A la tierna edad de 12 años, aprendí que “¡no existe tal cosa como un almuerzo gratis!”

¿Cuál es el Enganche?

¿Le han dado un regalo, alguna vez, para descubrir luego que no era un obsequio, realmente? Sucede todo el tiempo. A veces el “obsequio” resulta ser un soborno del cual se espera que usted actúe de cierta manera o realice algo específico a cambio del “regalo.” “Tú rascas mi espalda y yo rasco la tuya”, suele decir el refrán. Y luego, se apagan las luces, y usted sabe que ha sido comprado.

Por el correo recibe una oferta de “¡4 CD's gratis!” Pero si lee la letra chica descubrirá que tiene que comprar cuatro discos compactos más en los próximos dos años. Su dentista le ofrece dos boletos de cine gratis. Pero, por supuesto, usted debe llevarle un paciente nuevo a cambio. Y la lista continúa. En la mayoría de los casos, usted tiene que hacer algo para ganarse ese “regalo” gratis.

No sucede así con el regalo de la salvación. Para usted y para mí, es algo totalmente gratuito. De hecho, no hay nada que podamos hacer para ganarlo. Pero, quizás, el hecho de que sea gratis lo hace sospechoso. ”¿Dónde está el enganche?”, nos preguntamos. ¿Cómo es que el perdón de los pecados, una vida transformada y la eternidad puedan ser gratis? ¡Debe haber un costo!

¡Está en lo correcto! Pero el costo ha sido pagado por otra persona, por alguien llamado Jesús. Su muerte en la cruz fue el gran precio que pagó para obtener el perdón y la salvación, para usted y para mí. El regalo es nuestro -sin condiciones. Pero tenemos que buscarlo y aceptarlo.

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Por Kathy A Lewis. Derechos © 2015 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA ® 1995.


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