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Otro Crimen del Hombre
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Fotografía: Bjarte Kvinge Tvedt
Calvin Willis dio un paso afuera de la Penitenciaría de Angola, en el estado de Luoisiana, mientras levantaba sus brazos en señal de victoria. Willis había pasado 22 años -la mitad de su vida- detrás de las barras de una prisión por otro crimen brutal del hombre. Un examen de ADN realizado en el año 2003 lo excluyó como el perpetrador de una violación en 1981, donde había sido sentenciado de por vida sin la posibilidad de obtener libertad condicional.

A pesar de sólidas coartadas y de evidencias que señalaban hacia otro individuo, los informes de los testigos y las coincidencias entre el tipo de sangre y el que se encontró en la escena, persuadieron al jurado de la culpabilidad de Willis. Sólo luego que los avances tecnológicos permitieron comprobar, décadas después a través del antiguo AND de Willis, que este era exonerado de todo cargo.

Es inconcebible que Willis o cualquier otro ser humano pudiera aceptar deliberadamente el castigo por un crimen que realizó otra persona. Sin embargo, comprendiendo claramente la senda por la que Su convicción lo guiaría, Jesús padeció gustosamente por los crímenes en los cuales no tuvo parte-los pecados de las innumerables generaciones venideras. Tomó las injusticias de los seres que tanto amó e hizo propios sus crímenes, aceptando no sólo el desfigurado estigma de los pecados en sí, sino que también la separación de Dios, parte inherente del proceso.

Poder Curativo

Isaías 52:13 y 53:12 predice la historia de Su gran sacrificio. “Apesar de todo esto, él cargo con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores. Nosotros pensamos que Dios lo había herido y humillado. Pero él fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; él sufrió en nuestro lugar, y gracias a sus heridas recibimos la paz y fuimos sanados” (Isaías 53:4-5).

Cristo sabía que éramos imperfectos. El podía ver cada uno de los pecados que los humanos cometerían a través de los siglos. Sabía que muchos le darían la espalda y negarían Su sacrificio. Y aún, como se nos ha dicho, como un cordero a punto de ser sacrificado, Jesús entregó Su vida en un esfuerzo por salvar aunque fuera a una persona que eligiera la vida sobre el pecado, y a Cristo sobre el caos (Isaías 53:7).

Aunque es natural para el humano hacer justicia cuando se le ha culpado injustamente, Cristo sabía que el hecho de que haya aceptado nuestros pecados como propios tendría ramificaciones eternas maravillosas para quienes escogieran servirle. Isaías 53:12 indica que: “El fiel servidor, aunque inocente, fue considerado un criminal, pues cargó con los pecados de muchos para que ellos fueran perdonados. El dio su vida por los demás; por eso Dios lo premiará con poder y con honor.” Debido al costo de Su sufrimiento, somos invitados a pasar la eternidad con El, en un lugar creado especialmente para nosotros.

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Por Lauren Schwarz. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2003. 


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