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Cuarenta Pestañeos
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Fotografía: Maarten Thiebou
Era la semana antes al 4 de Julio y todos los niños del complejo de apartamentos en que vivía, acumulaban juegos artificiales. Mis dos hijos, que entonces tenían 9 y 11 años de edad, habían visitado quiscos del vecindario para escoger su pirotecnia favorita.

Esa tarde en particular, el sol quemaba en el valle central de California y yo me disponía a dormir un rato. Los niños estaban jugando en forma segura, en el patio de la casa (eso era lo que creía). Nunca he sido “buena para dormir” durante el día. Pero quizá haya sido la alta temperatura, o tal vez las demandas de una madre sola que cuida a sus hijos, lo que finalmente me venció. Cualquiera haya sido la razón, lo cierto es que caí en un sueño profundo.

De repente, desperté con los gemidos de los niños. Salí de la cama y, al mirar por la ventana, vi que grandes llamaradas se alzaban directamente detrás de nuestro apartamento. Las llamas se devoraron la yerba seca. Salí corriendo por la puerta de entrada, agarré la manguera del jardín y comencé a lanzar agua. Sorpresivamente, el truco funcionó y dentro de unos cuantos minutos el sitio ennagrecido ardía, ya sin llamas.

Durmiendo en la Faena

Obviamente asustados por el traumático evento, los niños contaban la historia a borbotones. Virginia, mi hija de 9 años de edad, había encendido un “flash ray gun” (pistola del rayo rápido) y, por algún motivo, la yerba seca había comenzado a incendiarse. Gracias a Dios, ninguno de los niños resultó lastimado, ¡y tampoco se quemó el complejo de apartamentos! Pero, me culpé a mí misma por “dormir en la faena.”

Una vez, parecía que Jesús se había “dormido en la faena.” Al cruzar el mar junto a sus discípulos, posó su cabeza sobre una almohada en la parte trasera del bote, y se durmió. Una gran tormenta se levantó y las olas del mar golpeaban la embarcación, llenándola de agua. Los discípulos despertaron a su Maestro, petrificados de que el barco se hundiera y ellos pudieran ahogarse. “El, levantándose, reprendió al viento y dijo al mar: --¡Calla, enmudece! Entonces cesó el viento y sobrevino una gran calma” (Marcos 4:39). Los discípulos se maravillaron que aún el viento y el mar le obedecían a su Maestro.

Cualquiera que sea la crisis que esté enfrentando hoy, descanse en la seguridad de saber que Dios no está “durmiendo en la faena.” El Creador del Universo está en control de todo. E, incluso, los elementos obedecen los mandatos del Dios Todopoderoso.

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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