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Odio en la Familia
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Fotografía: Martin R.W
ArtiTodos estaban allí… el padre, la madre, dos hijos y una hija con su bebito recién nacido. Era una reunión familiar. Pero, esta reunión se realizaba en los tribunales de justicia.

La madre se sentó en una fila junto a sus hijos, y el padre, en otra, solo. La tensión era tan pesada que parecía haber una niebla sobre el grupo de personas. Unos estaban de parte de un lado de la audiencia y, los otros, del lado opuesto; pero nadie podía cruzar la línea sin sentirse culpable.

Era una escena difícil de presenciar. El padre había estado alejado de la familia durante años. Los adolescentes no tenían una relación con el padre, debido a que este estaba disgustado con la madre. A través de la mirada de los muchachos podías darte cuenta que deseaban levantarse e ir a abrazar a su padre, pero se retuvieron de hacerlo porque podría molestar a la madre. La hija quería que su padre tomara en los brazos a su nieto, pero no se acercó por temor a herir a su madre.

El padre no se aproximó a ninguno de sus hijos a causa de las profundas heridas que le había ocasionado su esposa. No sabía cómo alejar el dolor que sentía y llegar al corazón de su familia. Había perdido tanto, demasiado, pero apenas podía darse cuenta de ello.

De Vuelta a lo Peor

Lo vi. Lo vi todo y mi corazón se quebrantó. Alguna vez, esta había sido una familia cristiana. El padre y la madre eran creyentes. Los hijos habían crecido asistiendo a una iglesia cristiana. Ahora… Cristo estaba fuera de sus vidas. Los hijos ya no asistían a la iglesia, ni oraban en el hogar. Los muchachos se habían metido en drogas y en pandillas. Su asistencia y rendimiento en la escuela habían bajado considerablemente. No tenían idea hacia dónde iban, ni hacia dónde querían llegar. El padre no estuvo con ellos para guiarlos.

Las familias han sido despedazadas por causa del divorcio. El dolor es verdadero. Es penetrante. El “odio” arruina las relaciones. El resentimiento se instala en el interior y la terquedad se niega a aceptar la curación.

Jesús vino a sanar a las personas. Quizás la curación más importante sea la del corazón. Jesús desea sanar los corazones heridos. Nos enseña “a amar a nuestros enemigos” (Mateo 5:44). Esos “enemigos” puede que sean maridos y esposas.

Satanás sabe cuán poderosa puede ser una familia que se ama. El está haciendo todos los esfuerzos por enfrentar a los miembros de la familia. Pero Dios tiene un plan contrario para lograr que las familias se reúnan nuevamente. El promete que: “…hará que los padres se reconcilien con sus hijos y los hijos con sus padres...” (Malaquías 4:6).

Todo lo que tenemos que hacer es liberar nuestros resentimientos, amarguras y odios, y permitir que Dios traiga de vuelta al amor. Necesitamos orar porque Dios cumplirá Sus promesas en la relación que una vez hubo en nuestras familias.

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Por Chad McComas. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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