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Por el Más Pequeño...
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Fotografía: Anouar Aziouzi
Dos días antes de Navidad, llamé a una amiga para preguntarle si ya había hecho sus compras. “Bueno, sí, ya las hice. Pero hoy llamó nuestra asistente social y nos trae una niñita de cuatro años de edad. ¡Y no tengo nada para ella!” Sabiendo que mi amiga cuidaba a un bebé, a otro que recién caminaba y a unos gemelos de cinco años de edad, me compadecí de ella. “Acabo de limpiar nuestros armarios y saqué de ellos varios juguetes,” le informé con entusiasmo. “Algunos de ellos están como nuevos. Ven esta noche y escoge los que quieras.”

El encontrar hogares temporarios para niños que han sido descuidados y maltratados ha llegado a ser una necesidad urgente en nuestra sociedad. Más que nunca antes existen padres incapaces o que no están preparados para cuidar a sus hijos. Y debido a las tremendas necesidades emocionales y físicas de estos niños, se hace difícil encontrar familias sustitutas. Pero todos los niños merecen que se supla sus necesidades más básicas para la vida -seguridad, amor, un hogar, alimento nutritivo y ropa limpia y adecuada.

De acuerdo con Pew Commission on Foster Care (Comisión de Padres Sustitutos), durante el año 2003 hubo más de 523.000 niños en cuidado sustituto en los Estados Unidos. Algunos de ellos han sido adoptados; otros, serán removidos de hogar en hogar. Desafortunadamente, unos pocos todavía seguirán siendo descuidados y maltratados. Muchos de ellos, sin embargo, encontrarán en hogares sustitutos la estabilidad, la aceptación y el amor que tanto necesitan.

Recuerdos de la Niñez

Mis propios padres fueron padres sustitutos para niños descuidados mientras yo crecía. Algunos de ellos, apenas los recuerdo, ya que permanecieron con nosotros uno o dos días. Pero siempre recordaré a Hazel y la forma cómo gritaba de alegría cada vez que jugábamos a la pelota. Los vestiditos nuevos que mamá le confeccionó, la hacían sonreir mucho más. También recuerdo haber mecido a Timmy, y haberme subido a los árboles con Danny y Sandra.

No todos mis recuerdos son agradables. Cuando Judy llegó a nuestro hogar, su espalda y sus piernas eran una masa de magulladuras debido a las patadas que le habían propinado sus hermanos mayores. No puedo olvidar la pena y la verguenza en los ojos de Alicia cuando nos miró, temerosamente, por primera vez, ni la ira llena de odio que mostró Adrian luego de la trágica muerte de su padre y del abandono de su madre. Tampoco me olvido de la cara llena de terror que puso James, un muchachito de 16 años de edad, cuando entró de noche a la sala de nuestro hogar, mientras mis padres le aseguraban que su padre no vendría más tarde a matarlo (los temores de James no eran infundados. Permaneció con nosotros sólo una noche ya que, por su seguridad, tuvo que ser removido a otro hogar fuera del condado.)

En realidad, el cuidado de hijos sustitutos no es para los débiles de estómago ni para los emocionalmente inestables. Pero para las familias estables y maduras, el regalo que ellas pueden ofrecer como padres sustitutos, es inmesurable. “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mateo 25:40).

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Por Brenda Dickerson. Derechos © 2006 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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