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¿Cartas en Cadena de la Deidad?
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Fotografía: Ever Figueroa
¿Recuerda cuando las cartas en cadena hacían estragos? En caso de que se haya olvidado, era algo más o menos así: Una carta anónima llegaba por correo notificándole su oportunidad de ganar miles de dólares invirtiendo simplemente unos siete. Todo lo que usted tenía que hacer era endosar una copia de la carta con un billete de un dólar y enviársela a las primeras siete personas de la lista adjunta, y luego poner su nombre al final de ella. Hipotéticamente, dentro de unas cuantas semanas usted recibiría miles de dólares en billetes de un dólar, y ahora su nombre aparecería al comienzo de la lista. Recuerdo haber participado una vez en aquellas cartas en cadena, en un proyecto de toallas de cocina. Envié tres toallas completamente nuevas y se suponía que iba a recibir 49 de ellas a vuelta de correo. ¡Recibí siete! ¡Qué bién, gané cuatro toallas!

Más de alguna vez he recibido correos electrónicos de amigos que sugieren que también Dios opera a través de la fórmula de cartas en cadena. Al abrir una de esas notas cibernéticas, un retrato de Jesús con un ramillete de hermosas flores destellaba en la pantalla con el siguiente mensaje: “Por favor, no retenga este mensaje. Alguien, en algún lugar, lo necesita. Envíele este mensaje a diez de sus amigos y observe lo que sucede en su vida. ¡Su vida mejorará en el cuarto día!”

He descubierto sugerencias similares en el Pennysaver, entre avisos de microondas y sofá-camas. Ellos también dicen que si usted hace una oración tres veces al día durante una semana, su vida cambiará milagrosamente.

Demasiado Bueno para Ser Verdad

Por supuesto que sería más fácil para nosotros si Dios obrara a través de estas fórmulas de cartas en cadena. Simplemente haríamos unas cuantas oraciones, abriríamos otros pocos correos electrónicos y esperaríamos la cantidad de días para que surgieran efecto, y ¡listo! ¡Vidas cambiadas! Pero, Dios no funciona de esa manera.

Nuestro Creador transforma las vidas , pero el deseo más profundo del Señor es tener una relación íntima con nosotros, cambiándonos en el proceso. ¡Imagínelo! El Creador del universo anhela nuestra amistad. ¡Es asombroso! Y, si tomamos el tiempo para conocer al Señor, nos sorprenderemos al ir convirtiéndonos en un subproducto de aquellos momentos compartidos con El.

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Por Kathy A Lewis. Derechos © 2015 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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