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Ginger, la Perrita Maravilla
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Fotografía: Stock.xchng
Cierto sábado, Jesús entró en la sinagoga de su pueblo natal, en Nazaret, y tuvo la lectura de las Escrituras. Causó tal revuelo que, después de finalizado el servicio, trataron de lanzarlo desde un precipicio para matarlo.

En medio de esta desafortunada recepción, Jesús le dijo a sus oyentes: “De cierto os digo que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra” (Lucas 4:24). Este es un principio muy universal. Generalmente, no obtenemos mucho respeto ni elogio de las personas que están más cercanas a nosotros. El césped siempre está más verde al otro lado de la cerca, o aquella persona es más talentosa que nosotros.

Por ejemplo, nuestra perrita Ginger. Ginger es una perra vagabunda, de tamaño mediano, tipo Benji, con el pelaje marrón rizado y los dientes más torcidos del mundo. La tenemos desde hace varios años y ha crecido con la familia. En seguida se prendó a mi esposa y todavía la sigue a todas partes.

Yo crecí junto a perros de caza que se pasaban todo el tiempo entre plumas, en el traspatio de mi casa. Ellos no eran mascotas, precisamente, sino perros que ayudaban a mi padre a alejar a los venados durante la temporada de cacería. Sus nombres eran Mike y Duque, y corrían todo el día al aire libre. Puedo asegurarle que ninguno de ellos tuvo un nombre como “Ginger”, que duerme dentro de la casa y ha sido consentida por sus amos.

Cuando nos mudamos cerca de las montañas, yo tenía una bicicleta para escalar y comencé a salir en ella. A menudo pienso cómo le gustaba a mi padre llevar a sus perros corriendo a todo pulmón por las colinas. Pero todo lo que yo tenía era a Ginger, la Señorita Patitas Delicadas, que sólo se paraba para comer y para perseguir a un gato ocasional.

Un Poquito de lo que Sé

Hasta el momento, no sé qué me hizo decidirme a llevar a Ginger a correr por la montaña. A ella le encanta viajar en automóvil, así que empaqué mi bicicleta, subí a mi perra y me dirigí hacia la montaña. Yo esperaba que Ginger comenzara a gimotear y no quisiera colaborar durante el trayecto. Pero cuando alcanzamos la ruta, me sorprendí que Ginger, como si fuera un perro de caza, se mantuviera a mi lado al ir subiendo la cuesta. Me sorprendí aún más cuando se convirtió en un demonio veloz y resistía como toda una campeona, al ir cuesta abajo. Literalmente, mi perrita se agotó corriendo.

Al final del paseo, supe que había descubierto una nueva compañera para escalar la montaña. Luego de varios años, siempre que Ginger me veía prepararme para un viaje, se entusiasmaba porque creía que la llevaría de paseo nuevamente.

Jesús dijo: “De cierto os digo que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra.” ¿Existe un niño, un estudiante, un empleado o un jefe que usted piensa que conoce, pero quizás no es así? Deles una oportunidad. Llévelos a “la montaña.” Tal vez se sorprenda de lo rápido que corren.

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Por Jim Park. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA, 1995.


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