Home > Archives > La Biblia Dice >
.
Escala Clasificadora
.
Fotografia: Dreamstime
Todos tenemos una. Tal vez sea de uno a diez, una lista o quizá una sutil guardada en el subconsciente. Sea el criterio que sea, todos parecemos tener una escala clasificadora privada acerca de cómo nos agrupamos los unos a los otros. Esta escala se puede aplicar a todo tipo de aspectos de la vida personal y privada. “¿Me gusta como soy? ¿Les va bien a mis hijos en la escuela o se comportan bien, etc., etc.? Tengo un problema con ________ pero por lo menos yo no _________ ¡lo que hacen los demás!”

El clásico síndrome de “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga que tengo en el mío” es un veneno común, pero mortal. Parece ser un error sentirme demasiado cómodo y caer en él frecuentemente.

Me averguenza contar que no hace mucho un amigo se quejaba acerca de un conocido que había compartido chismes hirientes conmigo que deberían haberse mantenido entre ellos dos solamente. Entonces me di cuenta de lo irónico de la situación: ¿no había hecho yo lo mismo que criticaba? ¿Chismear sobre el chismoso? ¡Qué hipócrita había sido! Estaba siguiendo el dañino ciclo de compartir información privada de una manera que no resolvía el problema, sino todo lo contrario; estaba logrando que creciera más.

La Raíz del Problema

Cuando me puse a analizar la raíz del problema, pude detectar la fea verdad. Me siento “cómodo” y “seguro” si percibo que estoy haciendo algo mejor que la mayoría de quienes me rodean. No estoy luchando con algunos de los pecados más llamativos, como la adicción a las drogas o la pornografía, así que lo estoy haciendo bien, ¿no es cierto? Es más fácil ocultar mis defectos y no apropiarme de ellos cuando los busco por cualquier parte menos dentro de mi corazón. Mi costumbre de “confiar” es la excusa velada que tengo para hacer correr chismes hirientes. El hecho de que no luzcan como algunos otros pecados no me excusa de ninguna forma.

Jesús tiene algunos consejos directos que me hacen pensar que debo dejarlos penetrar en mi alma: “No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida que miden, serán medidos” (Mateo 7:1-2). La verdad del asunto es que necesito a Jesús tanto como todo el mundo que está a mi alrededor. Mis pecados también clavaron a Jesús en la cruz. No es fácil mirarme a mí mismo y afirmar que puedo juzgar a los demás cuando en realidad no tengo derecho a hacerlo. Pero tal vez admitir que tengo ese problema es el primer paso que debo dar para quitar la viga que tengo en mi ojo. Ruego a Dios que me ayude a ver permanentemente a los demás como un perfecto ejemplo Suyo.

Si desea hacer algún comentario sobre este artículo, diríjase a Lea los comentarios de nuestros lectores
______________________________

Por MiKaela Miller. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de usoLos textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA VALERA CONTEMPORÁNEA©.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.