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Libertad Máxima
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Fotografia: Dreamstime
Muchos ven hoy la libertad como ausencia de leyes. Para ellos la ley es algo restrictivo y confinado. Hace poco, leí el artículo de un tipo que quiere acabar con el ciclo semanal. Argumenta que es arcaico y que está fuera de sintonía con la cultura del siglo 21 sosteniendo que necesita ser abolido. Evidentemente, él ve el ciclo semanal como un impedimento. Mi único argumento con tal razonamiento es ¿para qué detenerse ahí? Tal vez deberíamos abolir el tiempo y el ciclo de 24 horas. De esa forma todos podríamos sentirnos libres de las limitaciones de la vida convencional. La cosa es que si decidimos compartir el almuerzo mañana por la tarde, no tendríamos idea de cuándo deberíamos juntarnos para ello.

De acuerdo con el diccionario Merriam-Webster, un libertario es “una persona que cree que la gente debería hacer y decir lo que quiera sin ninguna interferencia del gobierno.” En su opinión, menos es más. Ellos quieren menos leyes, menos restricciones, menos interferencia del gobierno. Me parece interesante comprobar que ningún país o gobierno se ha establecido jamás en los principios libertarios de gobierno (lo cual no estoy seguro siquiera de que exista). Evidentemente, la verdadera libertad depende de leyes cuidadosamente elaboradas que definen fronteras y crean un sistema de valores.

La Ley de la Libertad

Si usted deja que su hijo de tres años de edad vaya a jugar al patio trasero sin reja que lo proteja, existe el peligro de que pueda deambular por lugares desconocidos y hacerse daño. Así que usted necesita observarlo cuidadosamente. Pero si el parámetro del patio está claramente definido por una valla resistente que señala dónde debe jugar su hijo, reina la libertad –sin el peligro de que el niño se pierda. En la Escritura, Santiago se refiere a la ley de Dios como la ley de la libertad (Santiago 2:12-13), lo que significa que las mismas leyes que Dios estableció para nuestro gobierno pueden ser una fuente de libertad cuando invitamos a Cristo a establecerlas en nuestros corazones.

Lo engañoso de la libertad es que podemos imaginar que somos libres eliminando todas las barreras externas que otros han “impuesto”, pero todavía tendríamos que luchar contra nosotros mismos. Y ser esclavos de sí mismos puede significar una de las formas más debilitantes que existen de esclavitud.

Jesús dijo: “–Ningún esclavo se queda para siempre con la familia para la cual trabaja. El que se queda para siempre es el hijo de la familia; si él así lo quiere, puede dejar en libertad al esclavo. Les aseguro que cualquiera que peca es esclavo del pecado. Por eso, si yo, el Hijo de Dios, les perdono sus pecados, serán libres de verdad” (Juan 8:34).

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Por Rich DuBose. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCIÓN EN LENGUAJE ACTUAL ©.


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