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¡Buen Provecho!
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Photo: Dreamstime
Verano de 1976: Europa se derretía bajo una ola de calor sin precedentes. En un esfuerzo por evitar sofocarnos en nuestra habitación de hotel sin aire acondicionado de Paris, mi compañera de cuarto y yo abrimos la puerta que daba hacia el balcón. Al otro lado de la calle podíamos ver a una familia en un departamento del segundo piso disfrutando de la cena. Como no teníamos sueño, seguimos observando a esa familia. Pasó una hora, luego, otra y, finalmente, cerca de la medianoche, se levantaron de la mesa, apagaron las luces y se fueron a dormir.

Los franceses realmente saben disfrutar de una buena cena. Las reuniones alrededor de la comida son casi sagradas; la elaboración de los platillos es fantástica, pero quizá lo más importante es lo que sucede durante el tiempo compartido en esa mesa. La hora de la comida es un medio para que la gente se conecte, ¡y los Europeos lo toman muy en serio!

Como madre de hijos adultos atesoro esos momentos especiales cuando nuestros hijos vienen a casa con sus cónyuges. Me encanta la elaboración de sus platillos favoritos, y servir alimentos maravillosos que les recuerden el hogar y la familia. Pero aún más importante que la comida, son las conversaciones que tienen lugar alrededor de la mesa –las risas, las historias, las discusiones estimulantes de la sobremesa y aún más allá, cuando los platos ya están vacíos. Pero digamos que mi hijo o hija se detiene en un servicentro camino a casa y compra papitas fritas, dulces y refrescos mientras estoy en la cocina realizando los últimos preparativos para una maravillosa comida casera. Llega a casa, me da un abrazo, y dice: “¡Vaya! ¡La comida huele de maravilla!”

Pero cuando llega el momento de sentarse a cenar, se niega: “No, gracias. Paramos en el servicentro de la gasolinera y compramos algunos aperitivos, así que no tenemos hambre.” ¡Ridículo! Los espera una comida casera pero eligen llenarse de comida chatarra. Afortunadamente, eso nunca ha sucedido en nuestra casa.

Deteniéndonos en el Servicentro

Pero, ¿somos culpables por detenernos en el servicentro, llenarnos de comida chatarra y rechazar esas delicias eternamente apetitosas que Dios ofrece? En Isaías 55 Dios nos extiende una invitación para asistir a una fiesta alrededor de Su mesa. Él nos invita: “¿Alguien tiene sed? Venga y beba, ¡aunque no tenga dinero! Vengan, tomen vino o leche, ¡es gratis! ¿Por qué gastar su dinero en alimentos que no le dan fuerzas? ¿Por qué pagar por comida que no les hace ningún bien? Escúchenme, y comerán lo que es bueno; disfrutarán de la mejor comida. Vengan a mí con los oídos bien abiertos. Escuchen, y encontrarán vida. . .” (Isaías 55:1-3).

La “mejor comida” que Dios quiere compartir con nosotros es su misericordia y perdón ofrecido libremente si sólo compartimos Su mesa (Isaías 55:7). Jesús continuó con la metáfora de la comida y la bebida cuando se describió a sí mismo como el “Agua Viva” y el “Pan de Vida.”

¡No se conforme con la comida chatarra! Acepte la invitación de Dios de venir a la mesa y disfrutar del alimento que satisfice el alma ofrecido a través de Jesús. Misericordia, perdón y amistad le esperan, ¡y Él le promete que no será defraudado!

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Por Nancy Gerard. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA TRADUCCIÓN VIVIENTE ©.


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