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En Sus Pasos
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Fotogrfia: Dreamstime
Crecí en las montañas rocosas de Colorado. El paisaje invernal era impresionante, como también el aire fresco de la montaña. Caminar a través de la nieve era difícil, especialmente si usted tenía cinco años de edad.

Recuerdo que una vez, en el mes de enero, mi familia y yo nos dirigimos rumbo a nuestra cabaña para asegurarnos que no hubiera problemas con el techo. El año anterior, cinco pies de nieve lo habían hundido y debimos reemplazarlo.

Conocía el camino, así que comencé a caminar a la delantera del grupo de manera que mi familia me pudiera ver. La cantidad de nieve se hacía cada vez más profunda. Siempre que levantaba una pierna para dar otro paso parecía estancarme y debía sacar la nieve de los costados para luego caer durante el proceso.

Finalmente, mis padres me alcanzaron.

“¿Puede cargarme uno de ustedes?” Jadeé. Sabía la respuesta. Mi padre llevaba en sus brazos a mi hermanita de cuatro años y, mi mamá, a mi hermano de dos. Pero me sentía agotado y necesitaba un poco de ayuda.

“Ronnie, tu problema es que vas a la delantera tratando de hacer camino. ¿Por qué no sigues mis pasos?”, sugirió mi padre.

Siendo el Líder

Me gustaba ser el líder, pero tal vez la idea de papá haría mi viaje más fácil. Me puse detrás de él y comencé a caminar a través de sus huellas. Pero sus pasos iban bastante más distantes que los míos.

“¡No des pasos tan largos!” Le pedí a papá. Achicó sus zancadas y eso fue de gran ayuda. Sin embargo, de vez en cuando tropezaba tratando de llegar a la próxima huella de sus botas.

“¡Aaay!” Grité al caer de cabeza en un desvío. Papá se detuvo y me ayudó a incorporarme para continuar el viaje. Me caí varias veces rumbo a la cabaña, pero siempre me levantaba y mi padre siempre me ayudó a hacerlo.

Nuestra senda cristiana se parece mucho a esos momentos. Deseamos ser el líder; de hecho, a veces nos gustaría hacer el trayecto solos. Sin embargo, ahí es cuando nos metemos en problemas. Necesitamos permitir que Dios sea quien guíe.

Tenemos que seguir Sus pasos. Eso no quiere decir que nunca tendremos problemas. Habrá cosas que nos harán tropezar, pero Dios estará allí para ayudarnos cuando caigamos. Y cuando Él extienda Su mano ayudadora, debemos permitir que lo haga. Con la ayuda de Dios podemos hacerlo a través de esta vida para, finalmente, llegar a nuestro hogar celestial.

“Porque por ahí andan muchos, de los cuales muchas veces les dije, y llorando vuelvo a decirlo, que son enemigos de la cruz de Cristo. . . Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; él transformará el cuerpo de nuestra humillación, para que sea semejante al cuerpo de su gloria” (Filipenses 3:18-21).

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Por Ron Reese. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pausas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORANEA ®.


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