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Manos Invisibles
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Fotografía: Studiomill
Veinticinco años atrás, mi esposa y yo conducíamos nuestro carro de vuelta a casa luego de visitar a unos amigos en la costa de Oregón. Mientras zigzagueábamos a través de la pequeña carretera costera, las condiciones del frío mes de febrero cubrían el pavimento de nieve tornando nuestro viaje en un verdadero desafío. De vez en cuando, los camiones cargados de madera nos pasaban a toda velocidad. Pero nosotros no teníamos prisa al avanzar por aquel camino de asfalto en nuestro pequeño carro rojo.

Al llegar a un recodo, nos acercamos a un estrecho puente de hormigón. Era lo suficientemente ancho como para que apenas pasaran dos vehículos. De repente, con horror vimos venir un camión cargado de madera, de modo que los dos nos íbamos a encontrar en el puente al mismo tiempo. Ninguno de los dos pudo frenar para permitir que el otro pasara primero. La carretera estaba resbaladiza, y el clima no podría haber estado peor.

Cuando cada vehículo entró por el pequeño puente, nos dimos cuenta de algo que nos hizo estremecer. La parte trasera del camión, al pasar demasiado rápido por la curva, tomaba la mitad del camino de nuestro carril. Siendo que el estrecho puente estaba reforzado por muros de concreto a ambos lados, no teníamos a dónde ir. Con sólo una fracción de segundo para decir: “Señor…”, cerramos los ojos y nos preparamos para el fatal impacto.

Los Soldados No lo Vieron

Cierta vez, el apóstol Pedro se enfrentó con la muerte. Cuando Herodes causó estragos en la iglesia primitiva, y sometieron a muerte a Santiago, los dirigentes judíos se alegraron mucho. Presionado para ganar más puntos de aquellos que odiaban a los cristianos, el malvado rey había capturado y encarcelado a Pedro. La noche anterior a su ejecución, un visitante invisible pasó por delante de los guardias y despertó al hombre que dormía pacíficamente. Los brillantes visitantes nocturnos le pidieron a Pedro que se vistiera. Pensando que soñaba, el asombrado discípulo fue sacado de la cárcel. Los soldados no lo vieron alejarse.

Pedro tuvo el privilegio de observar al ángel abrir y cerrar puertas silenciosamente para liberarlo. A veces, el pueblo de Dios ve a estos mensajeros secretos que vienen a proteger y a alumbrar a los hijos del cielo. Pero muchas veces, sus manos invisibles se mueven sin previo aviso para guiarnos y protegernos. Ya sea que no veamos su trabajo, podemos estar seguros que, “…para defender a los que temen al Señor, su ángel acampa alrededor de ellos” (Salmos 34:7).

Mientras mi esposa y yo cerrábamos los ojos por un instante esperando que el extremo trasero de ese camión de remolque repleto de madera pesada aplastara nuestro pequeño carro, la adrenalina se agitaba por nuestras venas y nuestros corazones latían con fuerza. Pero no hubo ningún accidente. Pasamos por el lado del camión sin siquiera una rayadura. De inmediato estacioné el automóvil a la orilla del camino y ambos nos miramos. “¿Qué pasó?” De repente, lo supimos. Una mano invisible había movido la carga del camión dándonos suficiente espacio para pasar por su lado en forma segura. Entonces, sin dudar un momento, inclinamos nuestras cabezas, y con lágrimas de alegría, oramos: “Gracias, Señor, por nuestros ángeles de la guarda.”

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Por Curtis Rittneour. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pausas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORANEA ®.


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