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Puertas y Más Allá
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Fotografía: Studiomill 
Uno de mis amores son las puertas. Todo tipo de puertas. Es como si me dijeran: “Bienvenida, ven, entra.”

En un viaje reciente a Huntsville, Alabama, se despertó mi amor por las puertas recorriendo el centro histórico de esa ciudad. Al igual que muchos otros lugares históricos, la ciudad tiene una variedad de puertas, de esas que llevan a jardines encantados, dejando ver el sentido de la belleza. Aquellas son, por lo general, portones de hierro forjado. Sin embargo, algunas puertas históricas son altas y angostas, flanqueadas por barrotes, mientras que otras son anchas y pesadas.

Algunas de las puertas más bellas que jamás he visto son utilizadas para depositar macetas. Incluso, me intriga que las usen como corrales de caballos.

Esas, por supuesto, son para mantener a las personas fuera del alcance de los caballos. Uno de mis portones favoritos lo vi junto al lago Michigan. Ligeramente torcido, colgaba de unas bisagras oxidadas una puerta que conducía a una acogedora casa en la playa. En todo caso, el que una puerta esté cerrada o abierta no es lo más importante; es lo que está más allá lo que me atrae. Todavía no he visto una puerta que no represente algo de interés más allá de estar simplemente cerrada.

Cerca Blanca

La primera casa que mi esposo y yo compramos fue una pequeña cabaña situada en una urbanización de nuestra natal Akron, en Ohio llamada Castle Homes –mi alegría fue completa cuando mi esposo instaló una cerca blanca en el antejardín. A mediados de los años 50, para un par de niños que crecieron durante la Gran Depresión de Estados Unidos, nuestra casita realmente parecía un castillo. Pero lo mejor de todo es que tenía dos puertas; una, al costado de la calle y, la otra, a la entrada, donde las rosas crecían sobre un arco. Muchos amigos y desconocidos traspasaron esas puertas por igual, dejándonos recuerdos benditos.

Sin embargo, por mucho que me deleite usmear a través de las puertas de esta tierra, hay otra puerta que deseo cruzar. Apocalipsis 21 nos habla no sólo de una, sino de 12 puertas en el cielo. Todas conducen a la Ciudad Santa de Dios, rodeada por una muralla grande y elevada, adornada con piedras de jaspe, y sus cimientos están construidos sobre 12 piedras preciosas –¡y esas 12 puertas están hechas de perlas gigantes! El hombre fabricó puertas en la tierra, incluso aquellas realizadas por los mejores artesanos serán insignificantes comparadas a las de la Ciudad Santa. El versículo 25 revela que las puertas de la Nueva Jerusalén “jamás serán cerradas de día, (y en ella no habrá noche)”.

Pero, para mí, la parte más importante acerca de cruzar aquella puerta donde estará inscrito el nombre de mi tribu, será lo que dice en el capítulo 22, versículos 3 y 4: “Y allí no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en medio de ella, y sus siervos lo adorarán y verán su rostro, y llevarán su nombre en la frente.” Ahí es cuando voy a sentir el verdadero gozo de conocer lo que está más allá de la puerta. Y, de hecho, Jesús me dirá: “Bienvenida a casa.”

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Por Betty Kossick. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pausas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORANEA ®.


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