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Parte de la Pandilla
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Fotografía: Studiomill
Tenemos un perro llamado Elías. Es un Collie mezclado con otra raza. Luce como uno de los grandes y, además, tiene sus características. Pero nuestro perro está obsesionado con la otra parte de la pandilla –nuestra gata.

Antes de venir a vivir con nosotros Elías vivía en una casa que tenía perros, no gatos. La primera vez que nos mudamos a nuestra casa parecía un poco confundido en cuanto a indagar cómo es una gata en realidad. Demasiado suave para ser un perro ¡y bastante descarada!

A pesar de que no podía entender cómo sería un gato, sabía algo que sí era cierto: necesitaba hacerla parte de su pandilla y también necesitaba protegerla. ¡Los que tenemos gatos sabemos lo que es eso! A los gatos no les gusta que les digan qué deben hacer y, por supuesto, no lo escuchan si usted intenta demostrárselos.

Elías pasó semanas tratando de averiguar la rutina de nuestra gata. Una vez que lo logró, trataba de permanecer cerca suyo y vigilando TODOS sus movimientos. Ella lo hizo callar y le maulló, dándole a entender que no estaba para nada impresionada y que necesitaba espacio. Y así llegaron los días de los “pastoreos” y la gata comenzó a acostumbrarse a ese perro fiel.

Tuve que Reírme

En ciertos días la gata parecía cooperar y corría por la casa o se metía bajo la cama. Otros, hacía caso omiso de Elías, como diciendo: “Sigue, trata de hacerme parte de tu pandilla. Pero yo me quedo donde estoy”. Durante aquellos días en que el perro no podía conseguir que ella hiciera lo que él quería, corría en círculos salvajes, sin renunciar a su necesidad de control. Tuve que reírme cuando presencié esa escena.

Elías me hizo pensar en la devoción de Dios hacia nosotros. Somos su pandilla, el rebaño de Dios. Le gusta que estemos donde Él sabe que estaremos salvos. No siempre lo escuchamos y hacemos caso omiso a sus “pastoreos”. Puedo ver a Dios “correteando” en círculos salvajes alrededor nuestro, al igual que nuestro perro, tratando de garantizar nuestra seguridad pero sabiendo que no puede obligarnos.

Elías sigue realizando sus “pastoreos” por la noche y se recuesta a la entrada de la habitación, siempre alerta.

Dios hace lo mismo. Él no se cansa de velar por nosotros. La Biblia dice: “Yo te voy a hacer que entiendas.
Voy a enseñarte el camino que debes seguir,
y no voy a quitarte los ojos de encima” (Salmos 32:8).

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Por Erika Gladden. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión  REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA ®.


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