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A Tiempo
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Fotographia: Dreamstime
Los relojes están a nuestro alcance y es de esperar que, marcando las horas o dando campanadas, nos muestren la hora correcta. Planeamos nuestro día según la estructura de un reloj. Nos despertamos con nuestras alarmas, vamos rumbo al trabajo mirando de vez en cuando el reloj digital de nuestro carro, acelerando el paso por las escaleras y siempre fijándonos en los relojes, esperando llegar a tiempo a nuestras reuniones. Pero, ¿qué es el tiempo? ¿De dónde viene y hacia a dónde va?

Cuando era niño el tiempo que utilizaba parecía ser una entidad que funcionaba a propósito en mi contra. “Mamá, ¿cuánto tiempo falta para que podamos ir a nadar?” “¿Por qué tardamos tanto en llegar a casa de los abuelos?” “¿Tengo que esperar a que todos hayan cenado para poder abrir los regalos?” Como todo niño, el tiempo parecía ser mi enemigo. Usted quiere que las cosas se aceleren. Desea ser adulto.

Recuerdo que cuando niño me quedaba mirando la esfera de nuestro reloj sentado estoicamente en la repisa de la chimenea, esperando que sus manecillas se movieran, para quedarme sólo con el lento y constante tic-tac, como si los relojes –en su propio lenguaje– se burlaran de mi situación. “Ja, ja, hay que esperar”, parecía decir el reloj. Sólo quería abrir esa caja redonda y girar las manecillas acelerando el tiempo, ¡entonces le enseñaría una o dos cosas!

Lento y Constante

Pero el tiempo nunca funciona de esa manera, no importa cuánto intentemos acelerar o desacelerar sus manecillas. Sigue corriendo igual que siempre, lento y constante. Eventualmente, el momento que ha esperado por tanto tiempo, llega, y usted vive ese momento, feliz y vivaz, hasta que se da cuenta que ese instante está llegando a su fin, y lo único que quiere es que pase más lentamente, incluso; desea detener el tiempo y poder disfrutarlo un poco más.

El tiempo es definido por una serie de momentos en la vida. La muerte de un ser querido, el nacimiento de un nuevo bebé, la celebración de una graduación, los momentos de quietud junto a una fogata. Como un río que fluye, nacemos de la fuente y desde ese punto en adelante, flotamos, con alegrías y tristezas pasadas, con grandes tribulaciones y grandes logros.

A menudo la gente desearía ¡que Dios viniera hoy mismo! El mundo se está poniendo cada vez peor, ¡estoy listo para irme! Pero, al igual que un niño mirando su reloj, Dios nos dice que debemos ser pacientes. Porque Él vendrá en el momento adecuado.

El río del tiempo no se puede revertir, sólo podemos asirnos a él.  ¡Sólo usted puede escoger asirse a esos momentos!

“Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia y no se desesperen, pues ya pronto viene Cristo el Señor. Hagan como el campesino, que con paciencia espera la lluvia, y también espera que la tierra le dé buenas cosechas” (Santiago 5:8).

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Por Benjamin DuBose. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión  TRADUCCIÓN EN LENGUAJE ACTUAL ®.


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