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Capture el Momento
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Fotografía: Pawel Kornacki
Hace muy poco, asistí a una boda que realmente me hizo sentir incómodo. Todos los componentes estaban allí: una novia encantadora, un novio guapo, flores en abundancia, la música, la marcha, la iluminación de las velas, y cosas por el estilo.

Lo que dañó esta boda fue el enjambre de videocámaras que se interpusieron, literalmente, en cada momento. Estaban por todas partes. Las que había entre la congregación no eran tan impertinentes. Pero, las que “se robaron la película” fueron las seis personas que se ubicaron en la plataforma registrando el acontecimiento. Durante el intercambio de los votos, el camarógrafo “oficial” se puso por encima del hombro del ministro oficiante junto a su inmensa cámara, ¡para filmar cómo los novios se comprometían, el uno al otro!

Diga que soy un anticuado, pero varias veces durante la ceremonia reflexioné acerca de cómo debió haberse sentido Jesús cuando entró al Templo y vio a los comerciantes hacer negocio. En esos momentos, venían devotos de todas partes del mundo a comprar los animales necesarios para el sacrificio. Para poder hacerlo, debían cambiar sus monedas al peso oficial del Templo. Esto le proporcionaba al sacerdote la oportunidad no sólo de engañar a los devotos en cuanto al valor del cambio de moneda, sino también en el precio de los animales. Las comisiones entre los sacerdotes eran comunes y por las instalaciones del Templo se respiraba suficiente ira al comprobar cómo los humildes creyentes eran “esquilados” por los vendedores.

Los artistas contemporáneos a menudo retratan a Jesús como la persona más agradable, fácil de adorar y sumisa del universo. Y están en lo cierto. Pero a veces uno tiene que hacer lo que debe hacer. Mostrando una fuerza y autoridad poco comunes, Jesús aclaró que ese tráfico impío debía ser desalojado completamente del Templo: "Quitad esto de aquí, y no convirtáis la casa de mi Padre en casa de mercado” Juan 2:16.

Purificación del Alma

La purificación del Templo de Jerusalén fue el símbolo de cómo Jesús desea limpiar nuestros templos del alma. El orgullo, la impureza y la ira son algunos de los ingredientes tóxicos que se interponen en nuestra devoción a Dios, y el amor que debemos tenernos los unos por los otros. ¡Elimine estas cosas! ¿Puede imaginar a Jesús queriendo entrar en su corazón, y usted deshaciéndose de todas las cosas dañinas que tiene dentro? Es fácil de ver.

Cuando Jesús entra en nuestro corazón, las cosas que han plagado nuestra vida por largo tiempo son ahuyentadas, para nunca más volver. Y en lugar de enfermedades destructivas y pecaminosas, está el Espíritu de paz, viviendo en nuestro interior. ¡Ese sí que es un momento valioso de capturar!

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Por Jim Park. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los versículos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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