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Mintiendo
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Fotografía: Dreamstime
Mis hijos y yo esta mañana disfrutamos del mejor momento de adoración. Si pudieron recibir la mitad de lo que yo recibí, sé que fueron bien alimentados espiritualmente. Hemos estado leyendo la clásica serie de Arthur Maxwell Uncle Arthur’s Bedtime Stories publicado por primera vez en el año 1924 (www.uncle-arthurs.com). La historia de hoy se encuentra en el volumen seis y tocó una fibra muy particular en mi corazón.

La historia gira en torno a una niña llamada Bessie cuya madre sorprendió diciendo una mentira. Fe, la mejor amiga de Bessie, de una madurez mayor para su edad, establece los peligros de mentir y luego le da la más simple y hermosa receta que jamás he oído para vivir una vida cristiana victoriosa. Y es que Bessie sabe que es malo mentir. Ella no lo quiere hacer, pero a veces “no puede evitarlo.”

Yo me identifico con Bessie. Las dos somos muy parecidas al “hombre miserable” de Romanos 7. Lo bueno que quiere hacer, no lo hace; mientras que el mal que no quiere hacer, es lo que realiza. Al final del capítulo Pablo dice: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Doy gracias a Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 7:24-25). Pablo sabe que Jesús puede librarlo de este ciclo de pecado. Pero, ¿cómo?

Llevemos esta miseria mucho más lejos aún, a la iglesia de Laodicea, la cual creemos que representa a la iglesia de Dios más cercana a la historia de este mundo –nosotros. En Apocalipsis 3, Jesús nos dice que aunque pensamos que estamos bastante bien espiritualmente, la realidad es que somos unos desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos. Pero nuestra condición no tiene por qué ser terminal; existe una solución. Jesús nos ofrece oro, túnicas blancas y colirio. Todo lo que tenemos que hacer es permitir que entre en nuestros corazones y dejar que Él reine. Pero, ¿cómo?

Invitar a Jesús

Su amiga Fe insta a Bessie a invitar a Jesús a su corazón cuando ore cada noche. Ese es el primer paso. Puedo hacerlo. Y lo que es más, Jesús anhela mi invitación. Él dice: “¡Mira! Ya estoy a la puerta, y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en su casa, y cenaré con él, y él cenará conmigo” (Apocalipsis 3:20). No sé si a Bessie le pasaba lo mismo, pero puedo asegurarle que yo he invitado muchas veces a Jesús para que entre en mi corazón, pero de alguna manera sigo mintiendo y echando vistazos a otras conductas miserables. Es evidente que Jesús no es el único golpeando por entrar en mi corazón. Satanás también quiere hacerlo, y siendo el astuto vendedor que es, se me hace difícil dejarlo esperando afuera.

Gracias a Dios, nuestra amiguita Fe tiene la respuesta en el segundo paso. Cuando Satanás viene a tocar la puerta de su corazón para tentarla, ella no contesta. En cambio, va directamente a decírselo a Jesús. Y Jesús le dice: “Muy bien, querida; déjamelo a Mí.” Luego, al ver a Jesús, Satanás sale corriendo llevándose consigo la tentación.

Me alegro de que Bessie y yo no tenemos que lidiar nunca más con Satanás. No podemos luchar contra las tentaciones, pero Jesús sí puede. Todo lo que tenemos que hacer es recordar llevárselas primero a Él.

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Por Hannah Henry. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA © 2009, 2011.


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