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Pegando la Cola
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Fotografía: Dreamstime
Recuerdo que cuando niño recibí un regalo de forma extraña durante mi cumpleaños número 5. Al abrir el paquete de mis abuelos, encontré una gran foto de un burro pegado a un tablero de corcho y varias colas de burro acompañándole.

Mis amigos y yo, con los ojos vendados y uno a la vez, tratábamos de pegar la cola en el lugar que se suponía debía ir. No ayudaba para nada que cada uno de nosotros debiera dar tres vueltas sobre sí como si fuéramos un trompo. Y qué decir cuando creíamos estar justo en el momento de lograr poner las colas del burro en el lugar correcto. Hoy tengo casi 60 años y todavía recuerdo la diversión de aquel día.

A través de los años he aprendido que el juego de pegar la cola del burro es algo muy parecido a lo que nos sucede en la vida. A veces, las personas tratan de echarle la culpa a otros –y, en ocasiones– incluso a Dios. En lugar de echarnos la culpa a nosotros mismos, a veces tratamos de cambiarla un poco o, de vez en cuando, incluso podemos tratar de deshacernos de la carga que debe llevar la víctima inocente.

Deshaciéndonos de la Culpa

Tal vez no fuimos aceptados en escuelas a las que queríamos ir. “¡La culpa la tienen los maestros!”
Quizá no obtuvimos la promoción que deseámos en el trabajo. “¡No le gustaba a mi jefe! ¡El tenía a sus favoritos!”
A veces culpamos a nuestra pareja de ciertas cosas. “Si ella tuviera más cuidado con las finanzas, ¡no estaríamos en esta condición!”

El echarle la culpa a los demás es algo que el hombre ha hecho desde el principio de los tiempos.

Adán. “Dios, yo no tuve la culpa. ¡La mujer que TÚ me diste me metió en problemas!”
Eva. “¡Pero, Señor! No fui yo. ¡Fue esa adorable serpiente que TÚ hiciste!”
Satanás. “¡La culpa es de las reglas y mandamientos que TÚ creaste!”

A lo largo de los siglos las cosas no han cambiado mucho. Todavía estamos culpando a los demás y, a menudo, también culpamos a Dios. Quizás ayudaría que en nuestro jueguito “Echándole la Culpa” tuviéramos que quitarnos la venda, dar vueltas en sí mismos y mirarnos en un espejo. Parte de la culpa que ponemos en Dios y en los demás se volvería hacia aquel chico o chica que nos mira desde el espejo.

La Biblia dice: “¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no miras la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo dirás a tu hermano: «Déjame sacar la paja de tu ojo», cuando tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:3-5)

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Por Ron Reese. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA © 2009, 2011.


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