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Benditas Decepciones
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Fotografía: Dreamstime
No hace mucho, solicité un puesto de trabajo de secretaría que realmente deseaba.

Después de trabajar a tiempo parcial me di cuenta que necesitaba algo más estable. Especialmente porque estoy viviendo en la segunda etapa de mi vida cuando los beneficios de salud son cada vez más necesarios. Antes había trabajado en el sistema escolar, por lo que estaba esperando que pudiera surgir algo en alguna escuela, lo que sería muy bueno para mí. Así que en cuanto el puesto de trabajo apareció en el periódico, presenté mi solicitud. Cuanto más pensaba en ello, más me convencía de que esta oportunidad provenía de parte de Dios.

Mark y yo sentimos que podría ser la respuesta a nuestras oraciones, pero siendo que el distrito escolar local se vio obligado a prescindir de parte del personal, sabíamos que probablemente habría muchos candidatos para ese trabajo. Así que oramos mucho sobre ello. “Señor, si piensas que esto es lo que necesitamos,” oró Mark, “entonces hazlo realidad para Gwen. Pero si hay alguien que lo necesita más que nosotros, entonces lo aceptaremos.”

Así lo hicimos. Presenté mi solicitud y desde ahí en adelante estaba en manos de Dios. Le dije al Señor que confiaba en él de todos modos. Traté de no pensar mucho en ello, pero no podía evitarlo. Me sorprendía a mí misma orando: Está bien, Señor, yo sé que tú sabes lo que es mejor para mí, pero verdaderamente… me gustaría tener ese trabajo.

Finalmente, sonó el teléfono donde se escuchaba la voz del director a través del auricular. “Nos gustaría concertar una entrevista con usted”, dijo. “¡Lo sabía!” Pensé. Sabía que provenía de parte de Dios.

Lo que Más Hice fue Orar

Así que fue programada una entrevista. Me preparé lo mejor que pude. Repasé en mi mente todas las preguntas que podrían surgir. Les pedí consejos sobre entrevistas a mis hijos mayores, ya que ellos estaban recién iniciándose en el terreno laboral. Me compré una blusa nueva. Pero lo que más hice fue orar, reconociendo que iba a aceptar la decisión de Dios.


Me fue bien en la entrevista. Tal como lo imaginé. Ahora sólo tenía que esperar. No pasó mucho tiempo porque a la mañana siguiente me llamó el director para decirme que habían escogido a otra persona. Me sentí decepcionada. Sin embargo, me sorprendí de lo rápido que lo acepté. “Bueno, Señor, oramos por lo que sería lo mejor para mí. Así que lo acepto.” Tuve la sensación de algo jubiloso –de cierta manera– porque me di cuenta que cuando oré quise decir exactamente lo que dije.

Si no hubiese tenido que enfrentar la decepción, no habría sabido que confié plenamente en la decisión de Dios. Mark y yo no hubiéramos sabido con certeza que realmente confiábamos en Dios, sucediera lo que sucediera. “Gracias, Señor,” oré. “Gracias por enviarme esta prueba.”

La Biblia, dice: “Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas” (Proverbios 3:5,6).

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA © 2009, 2011.


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