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Nostalgia
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Fotografia: Studiomill
“Huir de la nostalgia…” Cuando leí estas palabras hace muchos años la palabra “nostalgia” evocó en mí la imagen de un niño con un bate y un guante en su mano, mirando llover por la ventana.

¿Qué hay de malo en desear que salga el sol cuando está lloviendo? Pensé. Pero entonces este artículo me llevó más profundamente hacia la raíz de la palabra nostalgia: descontento, codicia, celos… quebrantar la ley de Dios.

Mi diccionario describe “melancólico” a alguien “lleno de un anhelo de nostalgia; pensamientos de añoranza.” Me acuerdo de un compañero de mi hermano adolescente que lo admiraba con tanta añozanza que parecía estar escrito en su persona. Nunca pudo manejar o corresponder a su melancolía.

La nostalgia no se limita a la infancia o a la adolescencia. Puede aparecer a cualquier edad. No importa la razón, ya sea en una relación de pareja, dentro de una situación laboral, en un conflicto familiar o, incluso, en la oficina de la iglesia, podemos obsesionarnos con nuestro sentido de necesidad de algo que no poseemos.

El artículo en una revista cristiana para mujeres señalaba que la nostalgia es el ingrediente clave en la destrucción de la vida y del matrimonio. La imagen mental es la de Eva mirando con nostalgia el fruto del árbol prohibido. Dios conocía los resultados de su nostálgica acción cuando escribió su ley sobre las tablas de piedra; los cinco últimos mandamientos tenían que ver con los frutos de la añoranza: no matarás… no cometerás adulterio… no robarás… no mentirás acerca de tu vecino… no codiciarás.

Anhelo Obsesivo

La nostalgia es el anhelo obsesivo de lo que usted no tiene –ya sea que se trate de una casa o de un vehículo que no puede darse el lujo de tener, codiciar el éxito de otro o tener una relación ilícita.

Pablo nos dice que la cura para la nostalgia es la alegría. “No lo digo porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho con lo que tengo. Sé bien lo que es vivir en la pobreza, y también lo que es tener de todo. He aprendido a vivir en toda clase de circunstancias, ya sea que tenga mucho para comer, o que pase hambre; ya sea que tenga de todo o que no tenga nada” (Filipenses 4:11-12).

El contentamiento es una habilidad que se aprende y se cultiva continuamente.

Quizás la forma más devastadora de la nostalgia es el remordimiento –el arrepentirse por lo que se ha hecho o dejado de hacer; por palabras dichas o jamás articuladas. La gente vive vidas consumidas por la culpa y la angustia –culpa de sus propios actos, angustia por las acciones de otros– cosas que se hicieron y que no pueden borrarse. Pablo también tiene una respuesta. El encuentro con Cristo camino a Damasco y el darse cuenta que había perseguido a quienes Cristo había llamado a Su servicio, debe haberlo hecho sentir acosado por el remordimiento. Podría haberse quedado ahí, pero Cristo lo llevó más lejos.

“…sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo” (Filipenses 3:13-14).

“Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones” (Filipenses 4:13). Esa fue la respuesta de Pablo. También puede ser la nuestra.

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Por Lois Pecce. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL © 2000.


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