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Violeta Valerosa
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Fotografía: Dreamstime
Era un día sumamente frío en mi estado natal de Alaska. Todo lo que podía ir mal, salió mal. Me sentía molesta, dolida y desalentada. Me puse la chaqueta y las botas y me dirigí hacia la nieve para divagar y permitir así que el viento soplara esa ansiedad que se había apoderado de mi corazón. El temor ahogó mi alegría durante el resto de esa semana que parecía interminable. Estaba en busca de algo, lo que fuera que me recordara que todo saldría bien.

Sólo había alcanzado a llegar a la reja del jardín, cuando la vi. Metida entre la escarcha y la nieve, justo donde no debería haber estado en un día como ése, una pequeña violeta de cara a mí, me sonreía. Parecía no estar molesta con el viento o con el frío. Simplemente levantó su carita con valentía para recibir los rayos de sol que podía obtener, y floreció exactamente donde estaba –en medio del terrible clima de Alaska durante el mes de marzo.

El peso de mis heridas y temores se diluyeron al sentarme junto a aquella violeta. Me quedé todo lo que pude en medio del frío, y traté de disfrutar de las lecciones que ese día tenía para mí.

Pequeña e insignificante

Cuando me siento pequeña e insignificante necesito recordar que Dios no me da el valor hasta que lo necesito. El coraje no es siempre luchar contra grandes batallas y enfrentar grandes dificultades. A veces es lo más pequeño lo que nos hace enfrentar un valor más profundo.

El valor puede ser la sonrisa en un día cuando todo va mal.
El valor puede alcanzarse y tocar una vida cuando todo es incómodo.
El valor puede servirnos para aprender a amar de nuevo con el riesgo de ser quebrantado (otra vez).
El valor puede lograr que nos levantemos luego que la vida nos pone más obstáculos de los que pueda ser posible.
El valor puede ser indulgente, incluso cuando duele demasiado como para articular palabra.
El valor puede ser al escoger –sólo escoger–, en momentos cuando no tiene sentido el hacerlo.
Valor no es algo para lo cual hemos nacido. Es en lo que nos convertimos en momentos cuando olvidamos quienes somos y lo que tememos, y hacemos lo que se debe hacer.

Fue cuando me di cuenta que Dios me puso aquí en un tiempo como hoy, que los temores comenzaron a desaparecer y obtuve la fuerza para seguir adelante, a pesar de lo pequeña que me sentía.

Con los años he pensado mucho en la violetita que Dios plantó en la nieve. Pienso en ello cada vez que me enfrento a obstáculos y contratiempos que me hacen sentir insignificante y temerosa. Comienzo a pensar en aquello que florece en el frío y en los vientos con más de un mes de anticipación. Y el valor que creí no tener, vuelve  a mí de alguna manera.

La Biblia dice: “Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles” (Isaías 40:29).

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Por Chantel Brankshire. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA TRADUCCION VIVIENTE © 2010.


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