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Oraciones Secretas
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Fotografía: Dreamstime
Hay un pasaje de la Escritura que transmite esperanza y alegría, la que debe estar al principio de la lista de promesas hermosas de padres, abuelos, maestros, pastores y parientes. Estoy hablando de 1 Juan 5:16.

Todo el capítulo 1 de Juan es un tesoro, pero mi enfoque está en este texto: “Si alguno ve que su hermano está cometiendo un pecado, que no sea de muerte, debe pedir por él, y Dios le dará vida. Esto vale para los que cometen un pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, y yo no digo que se pida por ellos.”

El versículo 17 lo explica: “Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.”

La buena noticia es que Dios no le da a ningún ser humano la tarea de enjuiciar a nadie. Ninguno de nosotros puede determinar si ha cometido o no el pecado “imperdonable”, y ser rechazado para siempre por Dios.

Lo que quiere decir este versículo –según yo– es que puedo elevar a mi hijos, mis nietos, mis hermanos, mis hermanas, mis amigos, mi esposa (a mí mismo) en oración reclamando para todos el don de la vida eterna en nombre de Cristo.

Pedido Humano

He escuchado explicarlo de esta manera: Cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, Satanás reclamó gobernar sobre la tierra y sus habitantes. Una estipulación divina permaneció para la humanidad: la libertad de escoger. Los agentes celestiales fueron restringidos de sus actividades sobre la tierra y sólo podían ser convocados a pedido de los humanos.

Cada creyente en Cristo, nuestro intercesor, es llamado al ministerio a través de una oración intercesora. Es el más alto privilegio y deber de un cristiano.

Oswald Chambers en su libro titulado En Pos de lo Supremo, establece lo siguiente: “La adoración e intercesión deben ir juntas, una es imposible sin la otra. La intercesión significa elevarnos a nosotros mismos hasta el punto de obtener la mente de Cristo en relación a la persona por la cual estamos orando” (Ref.: Lectura del 30 de marzo).
Jesús lo dijo en forma muy sencilla: “Pidan, y se les dará…” (Mateo 7:7).

Estos no son días para dejar los problemas y a nuestros seres queridos “en manos del destino.” Las tentaciones para todas las edades, especialmente para los jóvenes, se han multiplicado y son innumerables. Este es el momento en que con cada pensamiento de un ser querido nuestras oraciones “secretas” reclaman sus almas para Cristo.

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Por Lois Pecce. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA, © 2009, 2011.


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