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Comience a Empacar
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Photo: Studiomill
Tenía 12 años y vivía en los suburbios de la costa Este. En muchos eventos sociales de mi iglesia recuerdo a mis padres conversando con otros adultos acerca de mudarse a un área menos congestionada. Estaban cansados de sus trabajos en la ciudad y la conversación concluía en que deseaban mudarse hacia el oeste del país donde la tasa de criminalidad era baja y donde las familias podrían crecer en un entorno más seguro.

La familia Smith hablaba de sus viajes a ese punto del país. Tenían familiares que vivían por esa zona y nos dieron ganas de, algún día, mudarnos allá.

La familia George tenía un terreno en la explanada donde pensaban construir una casa.

Los días se convirtieron en meses hablando sobre el mismo tema. Algunos sólo hablaban de ello; otros, comenzaron a hacer planes y, otros, empezaron a empacar. Mis padres se dieron cuenta que si estaban en serio en cuanto a mudarse necesitaban vender lo innecesario, así que comenzaron el proceso de deshacerse de algunas cosas.

No pasó mucho tiempo para que el entusiasmo de algunas de las familias comenzara a disminuir. “Quizá no podamos afrontar una mudanza este año… tal vez el próximo.”

Sólo unos pocos de nuestros amigos de la iglesia que hablaban de mudanza terminaron cortando ataduras con sus trabajos y hogares, y se mudaron hacia el oeste.

Una Tierra Mejor

Como cristianos, nosotros también debemos emprender un viaje. Hablamos de una tierra mejor, de un hogar en el cielo. Algunos sólo hablan de ello –otros pocos hacen planes– y, otros, empiezan a empacar.

Algunas personas hablan con entusiasmo y confianza asegurando que estarán en el cielo, pero no hacen los arreglos necesarios “para la mudanza.” Otros están seguros de tener un lugar en el reino –al igual que la familia George–, pero fueron de los que nunca llegaron a mudarse hacia el oeste.

Existen excusas y “explicaciones” sobre los motivos por los cuales no lo hicieron. Con el tiempo, vendieron sus tierras y se dirigieron hacia otro lugar.

Anhelamos el cielo. ¿Está dispuesto a comenzar a “empacar”? ¿Dispuesto a hacer aquellas pequeñas cosas que hace que el viaje sea más fácil? ¿A renunciar a sus preciados pecados y distracciones de su caminar con Dios?

No permita que el hablar y los planes de su viaje lo distraigan de la misión fundamental de su “empaque” para llegar al cielo.

Cristo contó la parábola de las 10 vírgenes. Cinco de ellas se prepararon para la cena de bodas y las otras cinco, no. “Pero durante el lapso en que se fueron a comprar aceite, llegó el novio. Entonces las que estaban listas entraron con él a la fiesta de bodas y se cerró la puerta con llave." Yo quiero ir al hogar, ¿y usted?

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Por Jonathan Geraci. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA TRADUCCIÓN VIVIENTE, © 2010.


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