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La Mancha Rebelde
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Fotografia: Dreamstime
El propietario de una antigua mansión escocesa tenía las paredes de una habitación llena de bocetos realizados por artistas famosos. Todo comenzó luego que una jarra de soda se derramara accidentalmente sobre una pared recién decorada. Dejó una mancha muy fea.

Dio la casualidad de que un famoso artista fue invitado a la casa. Un día, cuando la familia salía a recorrer los páramos cercanos, el artista se quedó un poco más atrás que el resto. Con unos pocos trazos hechos con un pedazo de carbón, aquella fea mancha se convirtió en el contorno de una hermosa cascada rodeada de árboles y vida silvestre. El dotado hombre convirtió esa pared manchada en una de las pinturas más bellas de aquella parte de Escocia.

Nosotros tenemos una mancha rebelde de quitar en nuestras vidas llamada pecado. Ningún limpiador puede quitar el pecado. Ningún artista puede retocarla y lograr que no se vea. Nada puede eliminar esa marca en nuestras vidas, excepto el toque de la mano de Cristo.

Un Leproso

Hay una historia en la Biblia acerca de un leproso (Mateo 8) que deseaba ser sanado. Las personas que tenían lepra eran consideradas impuras. La gente huía cuando veía a uno. Nadie consideraría tocar a alguien con esta terrible enfermedad. Sin embargo, ese leproso fue llevado ante Cristo. Jesús ama profundamente a todas las personas, incluso a los leprosos. A fin de ilustrar el poder de Dios para sanar y perdonar los pecados, Jesús tocó a ese hombre enfermo. Incluso los discípulos del Señor disuadieron a Jesús a que no se acercara a ese hombre. Pero Cristo voluntariamente eliminó la mancha rebelde del cuerpo y del alma del leproso.

Somos como el leproso. Estamos inmundos y necesitamos ser limpios de pecado. Todos hemos violado la ley y nuestras conciencias se han dañado. Nuestros corazones están llenos de culpa. Así como la lepra, el pecado llega a lo más profundo de nosotros. Es mortal. Es la mancha rebelde –desde el punto de vista humano– imposible de ser quitada. Isaías lo describe perfectamente en Isaías 1:5,6: “Toda su cabeza está herida, todo su corazón está enfermo. Desde la planta del pie hasta la coronilla no les queda nada sano: todo en ellos es heridas, moretones, y llagas abiertas, que no les han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite.”

Sin embargo, podemos tener esperanza en el toque del maestro. Cristo hizo algo más que simplemente decir una palabra para sanar a ese leproso. No se limitó a pedirle que fuera a lavarse a un determinado lugar. El Señor lo tocó. Cristo vino a tocar no sólo a las personas que estaban mal físicamente, sino espiritualmente impuros. Jesús tocó a las personas enfermas de pecado… y Él está dispuesto a hacer lo mismo por nosotros.

¿Se arrodillará con fe ante Jesús y gemirá como el leproso? Usted también podría decir: “–Señor, si quieres, puedes limpiarme– le dijo.” Jesús le oirá y responderá: “–Sí quiero –le dijo–. ¡Queda limpio!” (Mateo 8:2,3).

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Por Curtis Rittenour. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


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