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El Pastor
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Fotografía: Dreamstime
Los truenos sonaban a través del valle y las altas montañas iluminando el cielo mientras la lluvia golpeaba la lona de nuestra carpa. Me acurruqué más en mi tibio saco de dormir. Una tormenta por la tarde no es usual en las montañas San Juan de Colorado durante los meses de julio y agosto; pero esta tormenta duró hasta bien entrada la noche.

Mientras escuchaba el ruido de la tormenta, otro sonido se unió en crescendo. Mi esposo me dio un codazo: “Son ovejas. El pastor debe haberlas traído a este lugar para que estuvieran más protegidas.”

Habíamos visto al pastor y a sus ovejas aquella mañana mientras hacíamos una excursion a través de un sendero del Colorado. Sobre la colina, nos gustó mirar hacia abajo y ver, dispersas por el prado bajo nosotros, a un grupo de ovejas –cientos de ellas al parecer. En medio, había un pastor cuidando y hablando en voz baja a su rebaño. Siguiendo nuestro camino a través de las ovejas, el pastor nos saludó y continuamos la marcha.

A medida que la tormenta seguía, yo escuchaba. Los rayos lo alumbraban todo. Luego, seguían unos cuantos truenos, y las ovejas entraban en pánico balando muy fuerte. Pero por sobre el ruido se podía escuchar la voz del pastor calmando a sus ovejas y, por un rato, ellas lograban serenarse.

Jamás las Abandonó

Pensé en el pastor que guiaba su rebaño por la ladera empinada en busca de un lugar seguro. Me preguntaba si las ovejas habrían protestado cuando él las empujaba, urgiéndolas a continuar hacia adelante.

A veces, cuando me despertaba por la noche, podía escuchar el balido de las ovejas y luego la voz del pastor tranquilizándolas. No importa cuán feroz fuera la tormenta, él jamás las abandonó.

La luz del sol brillante y el cielo azul del Colorado nos despertó a la mañana siguiente. Al mirar por la cerradura de nuestra carpa, divisé al pastor guiando a su rebaño de vuelta a través de la montaña, hacia pastizales más verdes.

El salmista declara: “El Señor es mi pastor; nada me falta” (Salmos 23:1). Nubes de tormenta oscurecen nuestro camino, sopla el viento, los relámpagos alumbran y el sendero hacia adelante parece incierto –pero Él está ahí. Dios siempre está con nosotros, al igual que el pastor con sus ovejas durante esa noche en la montaña.

Jesús, dice: “Las que son mis ovejas, oyen mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen” (Juan 10:27). Esa noche de tormenta en la montaña las ovejas reconocieron la voz de su pastor. Cuando las llamaba, ellas lo seguían.

Aprendemos a reconocer la voz del Pastor cuando tomamos tiempo cada día para estudiar su Palabra y para orar. Debemos pedirle que viva en nosotros.

¿Está llamándolo Jesús hoy? ¿Reconoce Su voz? Dedique tiempo para conocer a Jesús y luego confíe en que Él lo cuidará no importa cuáles sean las pruebas por venir. Él jamás lo dejará.

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Por Rebecca Grice. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORÁNEA.


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