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Fotografía: Dreamstime
"Ambulancia de la ciudad, por favor vaya al 423 de Main Street para ayudar en un accidente producido dentro de un ascensor.” La llamada seguida de tonos agudos a través de mi radio portátil me alertó de la necesidad de ayuda médica en forma inmediata.

En mi zona hay cerca de 20 profesionales de la medicina prehospitalaria que responden a llamadas de emergencia. Todos nuestros voluntarios del servicio de ambulancia local tienen vida personal y familiar. Cuando ocurre una emergencia, no siempre es en el mejor momento para nadie.

En varias ocasiones las alarmas me han despertado durante la noche. “Qué inconveniente, necesito descansar”, me digo. Y, sin embargo, alguien podría morir debido a que no tengo ganas de levantarme de la cama para ir en su ayuda.

Esta vez, cuando sonó la alarma, miré el reloj. “No tengo tiempo para una llamada; no creo que esta sea demasiado importante. Seguro que alguien va a responder.”

Por lo general, cuando una llamada deja de sonar es porque varios voluntarios han respondido a ella. “Unidad 15, respondiendo… unidad 12 respondiendo…” Cada unidad representa a un voluntario que ha dejado de hacer lo que estaba haciendo para responder a una emergencia.

Esta llamada fue distinta. El radio se quedó en silencio. Nadie respondía. Al parecer, todos estaban ocupados con sus vidas, con su trabajo y con la familia; demasiados ocupados para ayudar a alguien necesitado.

Inconveniente

¿Con qué frecuencia somos así? ¿Dejamos que los inconvenientes nos impidan compartir a Cristo? ¿No estamos preparados para hacerlo?

Cuando nos convertimos en cristianos cada uno de nosotros se une a la “fuerza de voluntarios de ambulancias” para ayudar a suplir las necesidades espirituales de la gente. Cuando sentimos que el Espíritu Santo nos impresiona, ¿ponemos excusas y nos negamos a la llamada de “ir por todo el mundo”?

Dos voluntarios se sentaron para almorzar algo. Uno estuvo ocupado limpiando una moto. El otro, se preparaba para ir al trabajo. Todo el mundo tenía cosas que hacer. El silencio del radio era ensordecedor. Por primera vez desde que trabajo en este departamento, no obtuve respuesta.

Luego, el despachador rompió el silencio: “A todas las unidades se les advierte que el paciente es uno de la unidad.” Esas palabras lo cambiaron todo. Al instante, cinco voluntarios –incluído yo también–, estábamos respondiendo por radio. ¿Qué fue lo que cambió todo? Conocíamos al paciente.

¿Cuántas veces como cristianos buscamos excusas porque no queremos alcanzar a los perdidos? La escena cambia cuando nos ponemos las gafas espirituales y los vemos como nuestra propia familia porque, de hecho, así es como Él los ve.

¿Será algo inconveniente para nosotros? Probablemente. Pero cuando Dios llama: “¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:8).

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Por Jonathan Geraci. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la version REINA-VALERA ANTIGUA.


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