Home > Archives > La Biblia Dice >
.
Migración
.
Fotografía: Studiomill
Hace un par de semanas fui despertado muy temprano de mañana por el ruido de una bandada de gansos sobrevolando mi casa. Desde ese día ha habido un aumento constante de ellos emigrando al sur y en dirección a climas más cálidos cuando el verano llega a su fin.

Me puse a pensar en todas las personas que viajan a nuevas tierras y las razones que tienen para hacerlo. Emigran de países opresores, pobres y represivos espiritualmente. Ir en pos de un sueño a otras tierras lejos de los suyos, con la esperanza de encontrar libertad, alimentación y seguridad para criar a sus familias y llevar una vida donde poder adorar a Dios libremente y vivir como quieren hacerlo. Con demasiada frecuencia nos olvidamos de las cosas buenas que tenemos. Comida suficiente, agua potable, lugares para vivir y oportunidades de trabajo que se llegan a concretar.

El reconocimiento de los Estados Unidos acerca del hambre universal por la liberdad, fue pregonado en el famoso texto que fue añadido en el Estatuto por la Libertad en 1903, y que dice: “Dame a los cansados, a tus pobres, a tus multitudes hacinadas deseosas de respirar en libertad. A los miserables rechazados de tus prolíferas costas. Envía a esos, a las personas desamparadas, atribuladas, ¡yo levanto mi antorcha junto a la puerta dorada!”

Sin duda las leyes de inmigración de los Estados Unidos tienen que, probablemente, mantenerse y actualizarse. Sin embargo, hay grupos de personas que se han levantado en contra de aquellos que desean emigrar. Algunos quieren cerrar nuestras fronteras de modo que nadie pueda entrar, sobre todo si vienen de un país tercermundista. Nos olvidamos que la mayoría de nosotros somos descendientes de personas que vinieron a Norteamérica de otros países. Los inmigrantes que trabajan duro han hecho de esta nación un país fuerte y orgulloso.

Migración Celestial

Pero también somos inmigrantes de otro tipo de migración –rumbo a un lugar llamado cielo, nuestro destino final, lleno de infinitas oportunidades. Cuando Dios creó la tierra, la hizo sin fronteras ni mapas. Todos fuimos creados a imagen de Dios y todos somos sus hijos. No importa la raza, el género o la discapacidad que podamos tener, aún somos suyos y Él nos ama a todos de igual manera.

Mientras vivamos aquí, tenemos la responsabilidad de hacer todo lo posible para lograr que nuestro mundo sea un mejor lugar –para levantar al caído y proporcionar un refugio para quienes se han visto afectados por diversas formas de opresión. Ese es el verdadero sueño Americano que podemos lograr si ponemos nuestro corazón en él. Pero nuestra misión fundamental es prepararnos nosotros mismos y a otros para el nuevo país que Abraham vio a la distancia junto a la gloriosa ciudad y cuyo Fabricante y Constructor es Dios.

Ya sea que se trate de una bandada de gansos migratorios, de una familia de inmigrantes o de ti y de mí que estamos buscando esa ciudad celestial, todos compartimos el deseo de disfrutar de una vida mejor y ser todo lo que Dios quiere que seamos. Y la Escritura nos enseña claramente que el Dios al que servimos tiene un lugar especial en su corazón para los huérfanos, las viudas y quienes son extranjeros en tierras extrañas.

“Que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis pues al extranjero: porque extranjeros fuisteis vosotros en tierra de Egipto” (Deuteronomio 10:18-19).

Si desea hacer algún comentario sobre este artículo, diríjase aLea los comentarios de nuestros lectores
______________________________

Por Benjamin DuBose. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la version REINA-VALERA ANTIGUA.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.