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¡Ay, de Mí!
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Fotografía: Dreamstime
Han pasado 16 meses desde que me despidieron en el trabajo y durante 13 de ellos alabé a Dios por todo lo que Él sabía que estaba haciendo para cuidar de mí. Mi trabajo independiente llegó justo cuando más necesitaba el dinero para cubrir mis cuentas mensuales. Incluso, he tenido que gastar con discreción.

Si usted hizo el cálculo verá que alabé a Dios durante 13 de los 16 meses en que fui despedida. Tres meses atrás (y quiero decirlo así), todos los trabajos que tenía en el campo de la escritura desaparecieron. Busqué arduamente aquellos que fueran de tiempo completo e, incluso, de medio tiempo. Seguí enviando mi currículum. Uno de ellos parecía especialmente prometedor –la posición de editora en una organización cristiana cercana. Ese trabajo era algo seguro.

Me sentí devastada cuando unas semanas más tarde recibí un correo electrónico de la compañía anunciando que habían orado al respecto y que habían decidido tomar otra dirección.

Pero, ¿y qué de mis oraciones? ¿Qué en cuanto a mis necesidades?¿Dónde estaba Dios en todo esto?

Mis alabanzas se tornaron lamentos. Perdí la fe en el plan que Dios tenía para mí. Comencé a dudar de mi relación con Él. ¿Es que tenía un pecado oculto por el cual estaba siendo castigada? ¿No trabajaba lo suficientemente en la iglesia? ¿No estaba asistiendo a los estudios bíblicos necesarios?

Israelitas y los Mismos Sentimientos

Mientras leía el Salmo 44 descubrí que los israelitas tenían sentimientos similares a los míos.

“Con tu poder expulsaste a las naciones paganas y entregaste toda la tierra a nuestros antepasados. Aplastaste a sus enemigos y liberaste a nuestros antepasados. No fue con sus espadas que conquistaron la tierra, ni sus brazos fuertes les dieron la victoria. Fueron tu mano derecha y tu brazo fuerte, y la luz cegadora de tu rostro que los ayudó, porque los amabas” (Salmos 44:2-3).

Sus alabanzas se tornaron quejas en los versículos nueve y diez: “Pero ahora nos hiciste a un lado en deshonra; ya no estás al frente de nuestros ejércitos en batalla. Nos haces huir en retirada de nuestros enemigos y dejas que los que nos odian saqueen nuestra tierra.” Me preguntaba qué habían hecho los israelitas para causar el enojo de Dios, pero el versículo 17 lo dice con todas sus letras: “Todo esto ocurrió aunque nunca te hemos olvidado ni desobedecido tu pacto.”

Lo que pensé que era una serie de quejas, en realidad es una oración, una súplica a Dios–un buen ejemplo para mí.

Pablo, en Romanos 8:36-39, reafirma el Salmo 44:22 y nos recuerda que no importa lo que suceda, nada nos separará del amor de Dios. “(Como dicen las escrituras: “Por tu causa nos matan cada día; nos tratan como a ovejas en el matadero”). … Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor.”

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Por Dee Litten Reed. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA TRADUCCIÓN VIVIENTE © 2010.


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