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Las Manos de Jesús
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Fotografía: Studiomill
¿Ha pensado alguna vez en las manos de Jesús? Al principio fueron manitos de bebé; un bebé sobre el pecho de su madre María buscando alimento. Con toda seguridad, sus manos también se untaron de torta y aplaudieron igual que los demás niños.

A medida que crecía durante su infancia, sus manos probablemente participaron en juegos junto a sus amigos. Sin embargo, a la edad de 12 años, sus manos tomaron los rollos del templo y asombró a los ancianos e instruidos.

Hizo su aprendizaje en el taller de carpintería de José, su padre. Sus manos –las manos que crearon nuestro mundo–, crearon los botes para los pescadores (algunos de ellos dirigidos a las almas), tal vez botecitos de juguete para los niños o cunitas para muñecas de las pequeñas o muebles para el hogar, quizás muebles de calidad para los ricos, ¿quizá, cuartos?

Es probable que Él y su padre talaran árboles para luego realizar sus trabajos de carpintería. José no era un hombre rico y quizá no podía contratar a alguien para que hiciera esa labor. Las manos de Jesús seguramente sintieron las astillas de tanto levantar y arrastrar los trozos de madera hacia la tienda de su padre. De echo, sus manos pudieron estar encallecidas. Por lo tanto, eran manos fuertes. Con toda seguridad a José le encantaba trabajar con su hijo. ¿Puede imaginarlo sonreír con orgullo frente a una obra terminada por Jesús?

Acunándolos

Siendo un hombre de tan sólo 30 años de edad, se embarcó en su ministerio por el mundo. Esa fue la razón por la cual dejó el cielo y vino a vivir entre nosotros. Ahora sus manos tocan los ojos de los ciegos y ellos –¡pueden verlo! Sus manos levantaron a los pequeños hasta su regazo, acunándolos. Tocó a los leprosos, “a los impuros” ¡y las escamas de la piel desaparecieron!

Sin embargo, la historia de las manos de Jesús no siempre son delicadas y amables. La fuerza del mal quiso quebrantar las amorosas manos de nuestro Salvador, en donde están escritos nuestros nombres. Sus manos sangraban mientras cargaban el peso de la cruz hasta el Gólgota. Cuando el mazo golpeó vez tras vez, para afirmar la cruz en la tierra de aquel cerro, las manos de Jesús ya estaban clavadas sobre ella. El peso de la cruz presionaba el orificio dejado por los grandes clavos en sus manos desgarrando su piel. Satanás trato de destruir las manos que llevaban nuestros nombres escritos en sus palmas. Jesús colgaba de la cruz en agonía. La sangre brotaba de sus manos y corría por su cuerpo, goteando sobre la tierra recién excavada. Sin embargo, Él se levantó –Victorioso.

Nuevamente le pregunto, ¿ha pensado alguna vez en las manos de Jesús? Lucas 10:20 nos da la promesa: “Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” Porque Él lleva cicatrices debido a nuestros pecados. Cicatrices que durarán toda la eternidad. Las manos de Jesús… no hay otro toque que necesitemos más.

Un día las manos de Jesús se acercarán a nosotros para darnos la bienvenida al hogar celestial. ¡Tan solo magínelo!

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Por Betty Kossick. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA ANTIGUA (RVA).


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