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Pintura y Orgullo
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Fotografia: Dreamstime
Recientemente, mi marido construyó una casita de dos pisos para nuestras mascotas que está en la terraza. Decidí pintarla para que hiciera juego con nuestra casa. Así que después de la preparación previa, tenía lista la pintura color crema al igual que la casa, y procedí a aplicarla.

Siendo que pintar la casa de nuestras mascotas no era la única cosa en mi agenda aquel día, no quise tomar el tiempo para poner un plástico y proteger la terraza de derrames o goteos. A pesar de que ese lugar es color marrón oscuro sabía que –de mancharse– la pintura color crema se notaría sin remedio.

Sin embargo, no quería complicarme con el plástico. Estaba segura de que no mancharía nada. No es que yo fuera una aficionada en el asunto. Mark y yo habíamos construido dos casas, después de todo, y tenía un poco de experiencia pintando. Estaría bien.

Comencé a pintar la parte trasera y todo terminó perfectamente. Luego, al empapar de pintura la brocha (para ahorrar tiempo, por supuesto), no hice lo que debía y derramé pintura. “¡Qué torpe, eres!”  Me regañé a mí misma. Desprevenida y sin siquiera un paño mojado, corrí dentro de la casa buscando algo para limpiar el derrame antes de que se convirtiera en una mancha permanente en nuestra terraza. La limpié bastante bien, pero dejó una débil marca.

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Había llegado a ese punto donde cualquier persona razonable habría admitido que necesitaba del plástico para evitar otro accidente. Nooo. Yo no. Estaba segura que no volvería a derramar pintura otra vez. Así que seguí pintando y siguió el goteo.

A medida que continuaba con mi proyecto (todavía sin el plástico protector), no dejaba de pensar en cómo mi terca forma de pintar se parecía a mi manera de manejar las tentaciones. Sé muy bien cuando me estoy arriesgando a caer, pero a veces me da pereza buscar la cubierta protectora de Dios para evitarlo. “Pero si yo he manejado esto antes,” puedo pensar. “No caeré.” Y, entonces, caigo. “Bueno, ¡no volverá a ocurrir de nuevo!” Pero sucede.

Miro esas manchas en la terraza que no lograron borrarse y pienso en los rasgos defectuosos que pueden quedan en nuestras vidas, incluso después que se ha limpiado el derrame. Derrames espirituales que se podrían haber evitado si hubiéramos tomado el tiempo para pedirle a Dios que nos protegiera de la caída.

Salomón dice en Proverbios 16:18: “…la arrogancia anticipa la caída.” Creo que es cierto. Fue el orgullo lo que me convenció que podia pintar la casita sin ningún tipo de derrames, y es el orgullo quien nos convence que podemos manejar todas las tentaciones por sí mismos. Pero no podemos. Jamás. Es mucho mejor tomar con humildad el momento de llamar al Único que puede protegernos de las muchas ocasiones en que deberemos tratar con los derrames causados por nuestro propio orgullo.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA CONTEMPORANEA © 2009, 2011.


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