Home > Archives > La Biblia Dice >
.
El Pie en Su Mano
.
Foto: Christina Canwell
En la parte de afuera de la iglesia a la que asisto hay una escultura del artista Alan Collins titulada “Jesús entre Nosotros”. Es una bella escultura de bronce de tamaño natural de Jesús lavando los pies de tres discípulos de la actualidad. Está arrodillado delante de un hombre sentado en un banco. El hombre está descalzo de un pie y se lo ofrece a Jesús para ser lavado. Hay una mujer de un lado y un hombre del lado contrario. Visten ropas modernas.

Jesús, sin embargo, lleva puesto lo que describe la historia bíblica: una túnica y una toalla envuelta alrededor de su cintura. Está sosteniendo una jarra que deja caer un chorro de agua de verdad hacia una palangana más abajo. Su otra mano está abierta, como invitando al espectador.

Al lado de la escultura hay una banca vacía, donde los transeúntes pueden sentarse a comtemplar. Mientras estaba sentada después del servicio de la iglesia la semana pasada, no pude dejar de observar a una niñita de unos seis años de edad, estudiando la escultura. Caminó alrededor de cada uno de los tres discípulos, acercando su carita y mirándolos a los ojos.

Mirando a Jesús

Entonces se acercó a mirar a Jesús. Casi con reverencia, se quitó una de sus sandalias y puso su pie en el chorro de agua cayendo. Luego, lo apoyó en la mano abierta de Jesús. Se dio cuenta que yo la estaba observando y me dio una mirada cautelosa, preguntándose si no se estaría metiendo en problemas. Le sonreí, y le pregunté:  “¿Quieres que Jesús también te lave los pies?” No me contestó, pero sonrió y asintió con su cabeza, y luego volvió a mirar a Jesús.

Lo que me impresionó ese día fue lo cómoda que esa niñita estaba con la escultura de Jesús. Cómo sintió que la invitación al lavamiento de pies se extendía a ella, personalemente. Cómo adoró a un Dios que extendía su mano para que ella pudiera descansar su pie.

Y yo me preguntaba cómo reaccionaríamos nosotros, como adultos, ante aquello. ¿Estamos a gusto con el Dios que conocemos? ¿O hemos pasado muchos días, semanas, meses o, incluso, años sin hablar con Él y sintiéndonos como extraños? ¿Tenemos demasiados años de malas decisiones como para sentirnos cómodos ante Su presencia?

El mismo Jesús que dijo: “‘Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos’” , también dice: “ ‘...y al que a mí viene, no lo rechazo’” (Mateo 19:14; Juan 6:37).

Él es cálido y acogedor. Nos acepta y es gentil. Está ansioso de que nos sintamos lo suficientemente cómodos como para hacer descansar nuestro pie en Su mano.

Si desea hacer algún comentario sobre este artículo, diríjase aLea los comentarios de nuestros lectores
______________________________

Por Nancy Canwell. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.