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¡El Rey ya Viene!
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Fotografía: Dreamstime
“El Rey ya viene. ¡Preparad el camino!”

El mensaje si difundió con ritmo de tambores a través de las colinas y los portadores corrieron la voz por las aldeas a lo largo de la ruta en que el rey de Ruanda intentaba visitar. La noticia llegó a la pequeña posta médica de Ngoma, en la colina sobre el lago Kivu. Mis padres norteamericanos trabajaban allí, y el rey Rudahigwa envió una nota anunciando su visita a todos los extranjeros de la misión.

Era el año 1943 y todavía estaba vigente la Segunda Guerra Mundial. Para añadir a sus problemas políticos y tribales, Ruanda y los países vecinos sufrieron una devastadora hambruna en los años 1942 y 1943. Miles de personas murieron, pero muchas otras lograron salvarse gracias a los esfuerzos de los misioneros (de varias denominaciones) que utilizaron sus propios recursos y suministros para alimentar a la gente.

Una de las razones de la visita del rey era que deseaba inspeccionar el progreso del polvoriento camino que se estaba construyendo entre las dos principales ciudades de la costa de Kivu. El camino llevaba muchos años construyéndose y ahora llegaba más allá del pequeño recinto hospitalario. (Tres años antes, cuando mis padres llegaron con sus bebés y niños pequeños, estos debían ser llevados en brazos los últimos 12 kilómetros hasta ese remoto lugar.)

Preparad el Camino

“Preparar” significa ampliar y allanar el camino que fue cavado a mano en las montañas por hombres armados de pequeños azadones. Significa limpiar la tierra y las rocas después de las lluvias; ampliar las curvas cerradas y reforzar o sustituir los puentes frágiles por troncos de árboles recién talados. No había herramientas aparte de esos pequeños azadones, ni palas ni hachas; no había energía sino la fuerza de los músculos humanos.

Preparar nuestro hogar tenía que ver con pulir el piso de cemento con cera roja hasta que brillara.  Significaba recoger todos nuestros preciosos limones, de modo que mi madre pudiera ofrecerle un refresco al rey y a su comitiva. (Los limones fueron casi la única fruta en sobrevivir en tiempos de sequía.) Incluso, a mi corta edad, podía sentir el nerviosismo mientras nuestros padres y nosotros nos vestíamos con la ropa que usualmente nos poníamos para ir a la iglesia. ¿Qué más podría esperar un rey?

¡Y, entonces, llegó! Alto, majestuoso en su traje colorido, aceptando gentilmente el vaso de limonada en cada casa de la misión. En la nuestra, se sentó en la mejor silla y tomó en brazos a la niña de tres años de edad que era yo en ese entonces; le dio la bienvenida formalmente a mis padres a su país, premiando con su agradecimiento sus esfuerzos en favor de su pueblo, y asegurándoles su buena voluntad.

Hay otro rey que está viniendo: ¡el Rey del universo! “¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa, y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho.” (Apocalipsis 22:12).

El Rey de Gloria está viniendo para reclamarnos como ciudadanos del reino eterno y llevarnos a nuestro glorioso hogar. ¡Preparémonos!

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Por Lois Pecce. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999 .


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