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Rendirse
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Fotografía: Studiomill
Uno de mis hijos está estudiando Ingeniería Civil en la universidad. Pasará seis semanas en Costa Rica y Panamá durante esta primavera y verano. No son vacaciones; en realidad, es parte de su plan de estudios –conseguirá horas de crédito en Ingeniería en Gestión del Agua, que se aplicarán a su título.

Mi hijo está en los veinte años y tiene planes de graduarse en diciembre. Es maduro y responsable. Entonces no debería preocuparme, ¿verdad?

Es cierto. No debería preocuparme por él durante este viaje. Centroamérica no es College Station, en Texas, pero tampoco lo es Somalia o Cambodia. Ni tampoco es peligrosa la práctica de Ingeniería Civil, aunque sea en Centroamérica. Miles de otros norteamericanos de la edad de mi hijo –como los hijos e hijas de padres norteamericanos que están en lugares como Afganistán o Irak sirviendo en el ejército de los Estados Unidos. Su práctica implica actividades realmente peligrosas, inclusive, que les disparen.

A pesar de esto, me preocuparé desde el momento en que el avión se eleve en ruta a Centroamérica y hasta que sus ruedas nuevamente toquen el suelo de Texas. Puede que no suene racional, pero se trata de mi hijo. Puedo imaginar las preocupaciones de aquellos padres que tienen hijos e hijas pertenecientes al ejército norteamericano en el extranjero.

Es Tiempo de Retroceder

Muy a pesar de mis preocupaciones, no le pediría que no hiciera esto –como tampoco impediría que uno de mis hijos ya adultos se enrolara en el ejército de los Estados Unidos, si ese fuera su deseo. La parte más importante de ser padre es reconocer que hay momentos en que debemos hacernos a un lado, que es tiempo de rendirse. Con los ojos de la mente, usted recuerda a su hijo cuando tenía seis años de edad, aunque él o ella sea un adulto ejercitando juicio y responsabilidad.

No soy un hombre irrazonable al preocuparme. Mi padre que tiene más de ochenta años todavía se preocupa por sus tres hijos. Para él, somos jóvenes –solamente tenemos cincuenta. A pesar de preocuparse de mis hermanos y de mí, él se siente muy orgulloso de nuestros logros. Así como yo –a pesar de mis preocupaciones–, me siento orgulloso del éxito que mis hijos han alcanzado.

Aún Dios –el Padre de todos– se preocupa por nosotros, de Sus hijos, mientras vivimos en la Tierra.  Sabiendo eso, nos dio la libertad para escoger aunque caigamos en faltas. Pero también debe sentirse orgulloso de aquellos hijos que escogen tener una relación personal con Él.

Es la paradoja de la crianza. Usted se preocupa, de manera que sus hijos puedan alcanzar sus logros. Pero para tener éxito como padre, para permitir que sus hijos lleguen a realizar todo lo que son capaces de lograr, usted debe hacerse a un lado y rendirse.

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Por Mark N. Lardas. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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